31 de diciembre de 2010

Un nuevo año... y seguimos siendo los mismos

El título es medio simplón, pero trata de expresar, de un modo muy pobre, estoy segura, el sentimiento que me invade. Soy muy mala para estos tiempos de fiesta, no salgo a ningún lado y siempre me quedo con las ganas de hacer algo pero sin hacer nada, tal vez por eso tiendo a valorar más el aspecto de la reflexión implícito que la juerga potencial. 
Todo inicio trae oportunidades y requiere a cambio un poco de análisis, la evaluación de una situación y unas posibilidades. Eso es para mí el fin de un año. 
Aquí estamos y somos los mismos, ni más sabios ni más lindos. Muchos amanecerán igual que siempre pero un buen sector lo hará con un poco de resaca y otros al lado de alguien que no esperaban que estuviera ahí. Al muchos el sol los saludará tras unas rejas  otros en la habitación de un hospital. Tal vez el año nuevo sea intrascendente para quienes están secuestrados o quienes visten un uniforme militar y están destacados en tierras extrañas, en contra de sus deseos, la más de las veces. Y no hay mucho que hacer para cambiar eso. 
Lo que sí podemos es tomar el detalle del calendario como una oportunidad para mejorar aquellas cosas que detectamos como mejorables, que siempre las hay, y tratar de ser un poco más aquello que sea un valor personal para cada quién. 
Comienzo por hacerme el propósito de postear más seguido y disculparme con todos por la ausencia que sólo es culpa de mi entrega al trabajo (que me da de comer) en lugar de al placer (que me da escribir aquí). Con casi tres mil visitas me siento obligada a mejorar mi performance.
Ustedes dirán si tienen mejores propósitos...
Para todos:

10 de diciembre de 2010

MVLL y los ecos del Nobel

Mario Vargas Llosa ya recibió su muy merecido Premio Nobel, con alegría natural de su parte y orgullo de  la nuestra (si no de todos de una gran mayoría). Sin embargo me quedo con el discurso de aceptación del Premio, pronunciado por él el 07 de diciembre, pues a mi modesto criterio ha sido extraordinario. No sólo contiene un viaje por su vida y su pensamiento, preciso en lo necesario y genérico en lo demás, sino que nos ha brindado un lugar de privilegio para mirar el mundo a través de sus ojos y sentir las letras como las siente su corazón de escritor, que si había ganado un espacio en las letras del mundo hoy se consagra como integrante de una élite.


Personalmente me ha gustado de principio a fin, pues ha cubierto un amplio abanico de aspectos cuya importancia puede ser variable, según el criterio de cada quien, pero que no podía dejarse de lado en un momento como éste,  que por su dimensión no tendrá uno mayor para él y probablemente tampoco para los peruanos… en mucho tiempo.


Muchos dirán hoy, como lo han venido haciendo, que es un discurso más y que ha tratado de ser efectista en lo relacionado a su familia, y creo, sinceramente que lo que puedan ver como un defecto ha sido su mayor virtud. Veo, desde el fondo de mi corazón, que ha sido el esfuerzo de un hombre, de común bastante reservado, por abrir su mundo familiar a los demás con el único interés de rendir el homenaje merecido, y hasta hoy postergado, a la persona que en buena medida ha permitido que escriba lo que escribe porque vive la vida que vive: con todo arreglado para que pueda dedicarse al oficio de escribir. Como mujer, me parece realmente soberbio el hecho del reconocimiento efectuado a su esposa,  y como alguien que trata de escribir cada vez que puede, robándole minutos a las demás obligaciones del día a día, lo encuentro  justo y necesario.


De hecho su caso no es único. Gabriel García Márquez ha contando muchas veces que gracias a que por un año se olvidó del mundo y sus minucias, pudo escribir “Cien años de Soledad”, una vez que su esposa se encargó de todo con el dinero que él le entregó para ello, con la solemne promesa de no perturbarlo con nada.  Imagino que en muchos otros casos la figura ha de repetirse, pues es harto lógico lo difícil que resulta imbuirse en un drama épico o en una compleja historia cuando tienes que preocuparte paralelamente del recibo del teléfono, los estudios del niño o la reparación de las cañerías, entre las mil necesidades cotidianas de una familia y un hogar. Sin embargo no sé cuántos hayan realizado un reconocimiento de esta magnitud:
“El Perú es Patricia, la prima de naricita respingada y carácter indomable con la que tuve la fortuna de casarme hace 45 años y que todavía soporta las manías, neurosis y rabietas que me ayudan a escribir. Sin ella mi vida se hubiera disuelto hace tiempo en un torbellino caótico y no hubieran nacido Álvaro, Gonzalo, Morgana, ni los seis nietos que nos prolongan y alegran la existencia. Ella hace todo y todo lo hace bien. Resuelve los problemas, administra la economía, pone orden en el caos, mantiene a raya a los periodistas y a los intrusos, defiende mi tiempo, decide las citas y los viajes, hace y deshace las maletas, y es tan generosa que, hasta cuando cree que me riñe, me hace el mejor de los elogios: “Mario, para lo único que tú sirves es para escribir”. Creo que pasarán los años y pocas mujeres podrán exhibir un reconocimiento igual. 


Otro aspecto destacable del discurso es la reflexión que inicia con los primeros recuerdos y que deja en suspenso con las últimas líneas, pues es una propuesta de estudio inacabable: el del valor de la literatura. Algo de sus ideas las plasmó magistralmente Eduardo González Viaña en su artículo “Los podres secretos de la Literatura”, reproducido en este blog (ver http://elrincondelakatarsis.blogspot.com/2010/10/mario-es-un-premio-para-el-premio-nobel.html) pero su exposición es verdaderamente deliciosa. “Algunas veces me pregunté si en países como el mío, con escasos lectores y tantos pobres, analfabetos e injusticias, donde la cultura era privilegio de tan pocos, escribir no  era un lujo solipsista. Pero estas dudas nunca asfixiaron mi vocación y seguí siempre escribiendo, incluso en aquellos períodos en que los trabajos alimenticios absorbían casi todo mi tiempo. Creo que hice lo justo, pues, si para que la literatura florezca en una sociedad fuera requisito alcanzar primero la alta cultura, la libertad, la prosperidad y la justicia, ella no hubiera existido nunca. Por el contrario, gracias a la literatura, a las conciencias que formó, a los deseos y anhelos que inspiró, al desencanto de lo real con que volvemos del viaje a una bella fantasía, la civilización es ahora menos cruel que cuando los contadores de cuentos comenzaron a humanizar la vida con sus fábulas”. Quien ha pasado por la experiencia de escribir y quienes difrutan el placer de leer, pueden comprender estas dudas elementales que no por tempranas dejan de ser válidas. Como válida también  es la respuesta: “Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas,  menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera  existiría. Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida”


Sobre su vocación es claro y concreto, como también en cuanto a su relación con el tema político, causa de tantos ataques, de tirios y troyanos, y origen de vivencias que han marcado su vida y su obra, a diferencia de otros escritores que navegan aguas más serenas y menos peligrosas. “Sin las ficciones seríamos menos conscientes de la importancia de la libertad para que la vida sea vivible y del infierno en que se convierte cuando es conculcada por un tirano, una ideología o una religión. Quienes dudan de que la literatura, además de  sumirnos en el sueño de la belleza y la felicidad, nos alerta contra toda forma de opresión, pregúntense por qué todos los regímenes empeñados en controlar la conducta de los ciudadanos de la cuna a la tumba, la temen tanto que establecen sistemas de censura para reprimirla y vigilan con tanta suspicacia a los escritores independientes. Lo hacen porque saben el riesgo que corren dejando que la imaginación discurra por los libros, lo sediciosas que se vuelven las ficciones cuando el lector coteja la libertad que las hace posibles y que en ellas se ejerce, con el oscurantismo y el miedo que lo acechan en el mundo real. Lo quieran o no, lo sepan o no, los fabuladores, al inventar historias,  propagan la insatisfacción, mostrando que el mundo está mal hecho, que la vida de la fantasía es más rica que la de la rutina cotidiana. Esa comprobación, si echa raíces en la  sensibilidad y la conciencia, vuelve a los ciudadanos más difíciles de manipular, de aceptar las mentiras de quienes quisieran hacerles creer que, entre barrotes, inquisidores y carceleros viven más seguros y mejor”.


Mario discurre entre sus recuerdos, impulsado por la fuerza de sus ideas, que no sólo conserva en un nivel abstracto o intelectual, sino que puso al servicio de los demás mediante la experiencia directa,  aunque fuera, como lo fue muchas veces, nefasta y vergonzosa, no porque estuviera mal en sí misma, sino por los resultados, lastimeros y negativos, y por los principios subyacentes  que hubo que admitir y que van contra lo que uno cree y cree bien: en el Perú nos gusta que nos mientan y preferimos el discurso bonito, aunque su olor de falsedad inunde la nariz,  a la verdad desnuda, que sabemos es inevitable. En una entrevista de Raúl Tola, MVLL comenta  que la elección de Obama, en Estados Unidos comprueba que se puede ser honesto y ganar una elección, pero resulta evidente que nuestro país, al menos en ese momento, no estaba a ese nivel.  Sin embargo en su agradecimiento al Nobel no mencionó las pequeñeces de una campaña electoral que fue histórica ni de la conflagración de la oposición (que en aún nos gobierna)  o de una postura partidaria en especial, sino de sus ideales de justicia y libertad que, con sus defectos y virtudes, defiende y ha defendido abiertamente:


“Nuevas formas de barbarie proliferan atizadas por el fanatismo y, con la multiplicación de armas de destrucción masiva, no se puede excluir que cualquier grupúsculo de enloquecidos redentores provoque un día un cataclismo nuclear. Hay que salirles al paso, enfrentarlos y derrotarlos. No son muchos, aunque el estruendo de sus crímenes retumbe por todo el planeta y nos abrumen de horror las pesadillas que provocan. No debemos dejarnos intimidar por quienes quisieran arrebatarnos la libertad que hemos ido conquistando en la larga hazaña de la civilización. Defendamos la democracia liberal, que, con todas sus limitaciones, sigue significando el pluralismo político, la convivencia, la tolerancia, los derechos humanos, el respeto a la crítica, la legalidad, las elecciones libres, la alternancia en el poder, todo aquello que nos ha ido sacando de la vida feral y acercándonos –aunque nunca llegaremos a alcanzarla– a la hermosa y perfecta vida que finge la literatura, aquella que sólo inventándola, escribiéndola y leyéndola podemos merecer”.


Un tema que me parece magistralmente tratado y expresado, es el muy criticado tema de su doble nacionalidad y su consecuente “traición”, que si bien nunca he considerado así,  ha sido interpretado bajo esa óptica por muchos, personas, medios e instituciones.   “No me parece que haberme convertido, sin proponérmelo, en un ciudadano del mundo, haya debilitado eso que llaman “las raíces”, mis vínculos con mi propio país (…). Creo que vivir tanto tiempo fuera del país donde nací ha fortalecido más bien aquellos vínculos, añadiéndoles una perspectiva más lúcida, y la nostalgia, que sabe diferenciar lo adjetivo y lo sustancial y mantiene reverberando los recuerdos. El amor al país en que uno nació no puede ser obligatorio, sino, al igual que cualquier otro amor, un movimiento espontáneo del corazón, como el que une a los amantes, a padres e hijos, a los amigos entre sí.
Al Perú yo lo llevo en las entrañas porque en él nací, crecí, me formé, y viví aquellas experiencias de niñez y juventud que modelaron mi personalidad, fraguaron mi vocación, y porque allí amé, odié, gocé, sufrí y soñé. Lo que en él ocurre me afecta más, me conmueve y exaspera más que lo que sucede en otras partes. No lo he buscado ni me lo he impuesto, simplemente es así. Algunos compatriotas me acusaron de traidor y estuve a punto de perder la ciudadanía cuando, durante la última dictadura, pedí a los gobiernos democráticos del mundo que penalizaran al régimen con sanciones diplomáticas y económicas, como lo he hecho siempre con todas las dictaduras, de cualquier índole, la de Pinochet, la de Fidel Castro, la de los talibanes en Afganistán, la de los imanes de Irán, la del apartheid de África del Sur, la de los sátrapas uniformados de Birmania (hoy Myanmar). Y lo volvería a hacer mañana si –el destino no lo quiera y los peruanos no lo permitan– el Perú fuera víctima una vez más de un golpe de estado que aniquilara nuestra frágil democracia”.


Dejando clara su postura política y su visión liberal, orienta su mensaje al tema de “todas las sangres” de José María Arguedas y manifiesta su amor por su patria y su orgullo por su herencia milenaria, pero luego toca  el manoseado asunto de la dominación española, y lo hace con solvencia y claridad meridiana: “La conquista de América fue cruel y violenta, como todas las conquistas, desde luego, y debemos criticarla, pero sin olvidar, al hacerlo, que quienes cometieron aquellos despojos y crímenes fueron, en gran número, nuestros bisabuelos y tatarabuelos, los españoles que fueron a América y allí se acriollaron, no los que se quedaron en su tierra. Aquellas críticas, para ser justas, deben ser una autocrítica. Porque, al independizarnos de España, hace doscientos años, quienes asumieron el poder en las antiguas colonias, en vez de redimir al indio y hacerle justicia por los antiguos agravios, siguieron explotándolo con tanta codicia y ferocidad como los conquistadores, y, en algunos países, diezmándolo y exterminándolo. Digámoslo con toda claridad: desde hace dos siglos la emancipación de los indígenas es una responsabilidad exclusivamente nuestra y la hemos incumplido. Ella sigue siendo una asignatura pendiente en toda América Latina. No hay una sola excepción a este oprobio y vergüenza”. Difícilmente alguien pueda objetar esto, y pone los puntos sobre las íes a muchos argumentos superficiales y de infantil agresividad que se vienen escuchando hace tantos años y que, de otro lado, sólo son respondidos con el argumento del tiempo transcurrido y la necesidad de mirar al futuro, como si se tratara sólo de olvidar una afrenta porque con el tiempo se curó la herida y si así lo hacemos podríamos ganar en un mañana de prosperidad compartida. Y de la responsabilidad propia en el proceso posterior, ni un jota ni un achís.


Otro tema que me parece magistralmente abordado es el de su acercamiento e identificación con España, pero de una forma tan humilde y franca que, creo yo, debiera sepultar para siempre los ataques que por este concepto se le confieren. “Quiero a España tanto como al Perú y mi deuda con ella es tan grande como el agradecimiento que le tengo. Si no hubiera sido por España jamás hubiera llegado a esta tribuna, ni a ser un escritor conocido, y tal vez, como tantos colegas desafortunados, andaría en el limbo de los escribidores sin suerte, sin editores, ni premios, ni lectores, cuyo talento acaso –triste consuelo– descubriría algún día la posteridad. En España se publicaron todos mis libros, recibí reconocimientos exagerados, amigos como Carlos Barral y Carmen Balcells y tantos otros se desvivieron porque mis historias tuvieran lectores. Y España me concedió una segunda nacionalidad cuando podía perder la mía. Jamás he sentido la menor incompatibilidad entre ser peruano y tener un pasaporte español porque siempre he sentido que España y el Perú son el anverso y el reverso de una misma cosa, y no sólo en mi pequeña persona, también en realidades esenciales como la historia, la lengua y la cultura”.


Luego de un recorrido literario y político de su vida y obra, a grandes rasgos, MVLL sincera su oficio de escritor, o escribidor como suele decir, confesando que aunque le cuesta mucho trabajo y le hace sudar la gota gorda, a veces lo amenaza la falta de  imaginación  que articule lo almacenado en su memoria y su avance de un proyecto, reconociendo que con sus desventuras y placeres, coincide con Flaubert en que “escribir es una manera de vivir”. “Llegar a sentir el vértigo al que nos conduce una novela en gestación, cuando toma forma y parece empezar a vivir por cuenta propia, con personajes que se mueven, actúan, piensan, sienten y exigen respeto y consideración, a los que ya no es posible imponer arbitrariamente una conducta, ni privarlos de su libre albedrío sin matarlos, sin que la historia pierda poder de persuasión, es una experiencia que me sigue hechizando como la primera vez, tan plena y vertiginosa como hacer el amor con la mujer amada días, semanas y meses, sin cesar”.


Mario viaja por el tiempo y el espacio infinito de las ideas, y usa en su disertación recursos diversos entre la exposición de hechos y la confesión de parte, entre la evocación emocionada y la visión optimista del futuro,  pero creo que logra un aspecto cumbre cuando imagina a los hombres de las cavernas que contaban sus aventuras de supervivencia  “para los que existir quería decir apenas comer, guarecerse de los elementos, matar y fornicar. Desde que empezaron a soñar en colectividad, a compartir los sueños, incitados por los contadores de cuentos, dejaron de estar atados a la noria de la supervivencia, un remolino de quehaceres embrutecedores, y su vida se volvió sueño, goce, fantasía y un designio revolucionario: romper aquel confinamiento y cambiar y mejorar, una lucha para aplacar aquellos deseos y ambiciones que en ellos azuzaban las vidas figuradas, y la curiosidad por despejar las incógnitas de que estaba constelado su entorno”.  Y añade, indicando la imperativa necesidad de inculcar este concepto a las nuevas generaciones, que “la ficción es más que un entretenimiento, más que un ejercicio intelectual que aguza la sensibilidad y despierta el espíritu crítico. Es una necesidad imprescindible para que la civilización siga existiendo, renovándose y conservando en nosotros lo mejor de lo humano (…) para que no retrocedamos a la barbarie de la incomunicación y la vida no se reduzca al pragmatismo de los especialistas que ven las cosas en profundidad pero ignoran lo que las rodea, precede y continúa. Para que no pasemos de servirnos de las máquinas que inventamos a ser sus sirvientes y esclavos. Y porque un mundo sin literatura sería un mundo sin deseos ni ideales ni desacatos, un mundo de autómatas privados de lo que hace que el ser humano sea de veras humano: la capacidad de salir de sí mismo y mudarse en otro, en otros, modelados con la arcilla de nuestros sueños”.


Qué importante y visceral el reconocer y proclamar la necesidad de salir de uno mismo, de soñar, buscar y alentar lo mejor en nosotros y en los demás mediante la publicación de lo que no lo es, retratándolo con detalle en su abyección y en sus nefastas consecuencias.  Realmente nos encontramos ante un discurso que es una conferencia magistral en sí mismo, y que culmina mostrándonos al autor, un rebelde  adolescente que jamás quiso domesticar su rebeldía  y que hizo de ello  una ley de vida, convencido de que el principal valor de la Literatura es su capacidad de salvarnos de la resignación  sembrando en el ser humano el germen de la indignación, del deseo de un mundo mejor  posible para los que luchan por él. “Nada ha sembrado tanto la inquietud, removido tanto la imaginación y los deseos, como esa vida de mentiras que añadimos a la que tenemos gracias a la literatura para protagonizar las grandes aventuras, las grandes pasiones, que la vida verdadera nunca nos dará. Las mentiras de la literatura se vuelven verdades a través de nosotros, los lectores transformados, contaminados de anhelos y, por culpa de la ficción, en permanente entredicho con la mediocre realidad. Hechicería que, al ilusionarnos con tener lo que no tenemos, ser lo que no somos, acceder a esa imposible existencia donde, como dioses paganos, nos sentimos terrenales y eternos a la vez, la literatura introduce en nuestros espíritus la inconformidad y la rebeldía, que están detrás de todas las hazañas que han contribuido a disminuir la violencia en las relaciones humanas. A disminuir la violencia, no a acabar con ella. Porque la nuestra será siempre, por fortuna, una historia inconclusa. Por eso tenemos que seguir soñando, leyendo y escribiendo, la más eficaz manera que hayamos encontrado de aliviar nuestra condición perecedera, de derrotar a la carcoma del tiempo y de convertir en posible lo imposible”.

Nada podría ser añadido.
Lo dejo aquí.

30 de noviembre de 2010

Unos Comentarios Sobre el Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)

Hace poco asistí a una charla para padres de familia sobre el Trastorno de Déficit Atención e Hiperactividad (TDAH, por sus siglas en español) y escuché, de boca de un médico neurólogo y de una maestra con especialidad en problemas de conducta, algunos “hechos” que no pudieron hacer otra cosa que alertarme en gran medida, pero no en relación a lo dicho sino porque me parece preocupante que se pueda decir cosas tan increíbles de forma tan irresponsable. Y voy a lo dicho para aclarar el tema.
Entre otras cosas se dijo en esta reunión que “más del 70% de niños actualmente  tiene TDAH” y que en “la mayoría de casos el tratamiento farmacológico es de gran ayuda”. Y, ojo, que lo escuché bien pues confirmé el punto con otros asistentes y no había error de mi parte.
Mi primera impresión fue que mis matemáticas debían andar muy mal, pues de ser cierto lo afirmado resultaba que tres cuartas partes de la humanidad viene naciendo con una deficiencia neurológica, que es como se origina este síndrome que afecta a niños con una gran dificultad para la concentración y el enfoque que requieren el estudio y la mayoría de tareas que son parte del crecimiento y el aprendizaje.
Si fuese cierto lo dicho por el “profesional”,  el calentamiento global ya no sería un problema mayor porque a este paso la humanidad se iría a la porra en un santiamén, dirigida por una mayoría aplastante de personas que requieren especialistas para poder aprender lo mínimo sin irse por las ramas o salir disparados por la ventana. Y lo digo con todo el respeto del mundo por los pacientes afectados de este mal (y sus familias) pero con la claridad  de que son personas afectados por un mal crónico y que requieren un soporte grande y sostenido, a lo largo de su vida, para poder realizar las mismas tareas que los demás pueden hacer sin mayor alboroto.
Conversando con especialistas e indagando en diversas fuentes, encuentro como más fidedigno el hecho de que hay un porcentaje muy alto de “diagnósticos” de TDAH, pero que de ese grupo sólo un porcentaje mucho menor  padecería verdaderamente el trastorno (unos hablan de 3 a 5% y otros entre 5 y 7%). Los demás niños pueden mostrar síntomas de otros trastornos conductuales pero no de uno neurofisiológico y por lo tanto no califican como TDAH ni requerirían tratamiento farmacológico alguno.
Esa misma información indica que en muchos países el 70% de los niños hiperactivos (ya diagnosticados) toma fármacos para mejorar su concentración, en su mayoría  medicamentos estimulantes derivados de la anfetamina, algunos tipos de tranquilizantes, ansiolíticos y antidepresivos, aún cuando  muchos médicos y pediatras están en contra de una medicación fácil ofreciéndole al niño sustancias tan fuertes. En Holanda se calcula en cerca de  750,000 niños, entre  cinco y quince años, como la población que consumió en el 2008 medicamentos orientados a tratarlos por TDAH, lo que significa un 34% de la población o uno de cada tres niños de ese rango de edad.  Ese porcentaje es alarmante si consideramos que verdadera la incidencia del mal se estima que afecta como máximo, a nivel mundial,  a un 7% de la población en ese rango.  A pesar que medicamentos como el Ritalín ya están aprobados por la FDA para uso en menores, nada justifica su prescripción indiscriminada y, sobre todo, innecesaria.
¿Por qué se da este exceso en la prescripción farmacológica?
 Esto podría deberse al hecho de que los actuales problemas de comportamiento que muchos niños o jóvenes generan  en su familia o entorno, suelen impulsar a padres o maestros a la búsqueda de remedios inmediatos en lugar de una minuciosa revisión de la estructura de relaciones intrafamiliares y un lento programa de terapia y modificación de conductas. Temas como la alienación de los medios de comunicación, el desfase generacional y la intervención de la tecnología en el desarrollo y aprendizaje de actitudes de las nuevas generaciones, están marcando a millones de niños y jóvenes en todo el planeta, afectando sus relaciones familiares y sociales en general, sin embargo un fácil etiquetamiento de TDAH y una prescripción farmacológica no es la solución, sino el inicio de un nuevo problema, tal vez más grave aún. Otro factor que puede tener relación, es el bajo costo de las medicinas (especialmente en Europa) y la popularidad que tiene el tema en la actualidad, lo que facilitaría un diagnóstico poco minucioso y hasta ligero.
De todo ello podemos tener en claro que el TDAH no lo padece una gran mayoría de niños sino sólo un universo muy inferior al 10% y aunque, obviamente es una situación preocupante,  se distancia mucho de la alarmante afirmación planteada en la charla en cuestión.
La pregunta del millón: ¿Por qué habría tanto falso diagnóstico de TDAH?
Los niños que sí sufren TDAH, en un  70%  pasan por severas deficiencias en el proceso de aprendizaje lo que le ocasiona muchos trastornos en casa y en la escuela que no hacen sino complicar su situación, por lo que requieren un soporte muy grande y bien estructurado. Sin embargo, diagnosticar un caso es una tarea más compleja que sólo detectar a un niño que no se está quieto y saca malas notas en la escuela.
En gran medida el problema radica en los soportes para el diagnóstico, que se basan en la  observación  del comportamiento (diagnóstico clínico) más que en parámetros objetivos e indubitables (exámenes  de laboratorio, estudios de sistema nervioso, etc.).
Para un diagnóstico eficiente generalmente se requiere la participación coordinada de un  pediatra,  un psicólogo, un psiquiatra y un neurólogo, sin embargo en muchos casos uno solo de estos  especialistas   diagnostica el problema de forma aislada. Según organizaciones especializadas en atender estos casos, es necesario evaluar que los síntomas que presenta el niño cumplan no con algunos sino con una base sólida de criterios diagnósticos del TDAH,  y si es así definir la severidad del problema para presentar el caso.  A continuación  se realizará una historia clínica detallada, incluyendo los antecedentes personales y familiares  y se valorará las relaciones familiares y sociales. Luego debe incluirse un examen clínico que incluya un descarte de anomalías físicas que sugieran alteraciones genéticas,  una exploración de visión y audición y otra neurológica. Sólo luego de todo ello se puede realizar un diagnóstico y evaluar los beneficios o contraindicaciones del tratamiento farmacológico.
El sitio www.tda-h.info publica que “entre el 3 y el 7% de la población infanto-juvenil sufre TDAH” sin embargo añade que “sólo están diagnosticados el 1 ó 2% de los niños”. Si bien estas estadísticas son bastante razonables, muchos especialistas no están de acuerdo y creen que se está medicando a niños que no lo requieren. En cualquier caso, entre el deseo de resolver un problema familiar y ayudar a un hijo con dificultades de comportamiento extremas, lo más acertado es recurrir a un médico con experiencia en este tipo de trastorno y realizar la evaluación de los diversos especialistas anotados, para asegurarnos de que se efectúe un diagnóstico científico y responsable, y asegurar que no estemos medicando a un niño, con todos los efectos secundarios que tales medicinas comportan, sin necesitarlo. 
Trudy Dehue, psicóloga y filósofa de la Universidad de Groningen, especialista en el tema, afirma que si bien muchos niños hiperactivos y con TDAH pueden beneficiarse con un tratamiento psiquiátrico, probablemente otros requieran un enfoque más sociológico que individual, incluyendo escuelas más pequeñas, menos actividades extraescolares, y menos presión en general. "La industria farmacéutica se ha aprovechado de la ambigüedad del manual de la Asociación de Psiquiatría de Estados Unidos [DSM-IV] sobre qué se puede considerar TDAH, para ofrecer sustancias destinadas a lograr que las chicas estén calmadas", afirma.
Moraleja: Porque su hijo hable mucho, saque a la maestra de quicio y se mueva con facilidad, no es razonable alarmarse y sospechar de TDAH. Si considera que es una posibilidad para su niño, infórmese muy bien primero y acuda al especialista luego para el respectivo descarte. 
Sólo un proceso de diagnóstico realizado por profesionales competentes y experimentados en el tema, de las especialidades arriba señaladas, puede darle una orientación realista y responsable sobre el estado de su niño, que de ser positivo requerirá, más que medicina, un acompañamiento especial y una vida rodeado de elementos que lo ayuden a aprender, a jugar y a querer, de forma adecuada a sus necesidades particulares para que llegue a ser una persona, en todas las etapas de su vida, feliz y plena.

Más información en:

27 de octubre de 2010

La autoedición: lo bueno de la tecnología, lo malo de la globalización y lo feo de las grandes editoriales

En la red se ventila hace bstante tiempo un problema que afecta a mucha gente en el país: mientras la tecnología permite imprimir en Suiza un original enviado desde Tailandia y que esté empastado y en vías de distribución en dos días, en las ciudades los escritores pasean con su original bajo el brazo sin que los quieran publicar, pues la globalización de las editoriales  favorece a los grandes autores que sólo publican sobre seguro, dados los altos tirajes que realizan (sobre los cinco mil ejemplares).
 
La web está plagada de foros donde los desilusionados escritores en potencia intercambian sus experiencias y reciben consejos de otros que ya pasaron por lo mismo, sin embargo la salida la ofrece la tecnología, que a las finales es una de las ventajas que tenemos que sacarle a la globalización, que bien fregados nos tiene por otros (muchos) lados: la autoedición de bajo tiraje.

¿Qué significa? Que en base a la tecnología POD (impresión por demanda) se pueden editar desde uno 01 hasta 500 libros por un precio semejante al del precio unitario de la impresión convencional, sin generar al autor una inversión excesiva por grandes tirajes (mil libros como mínimo) que no se tiene certeza de poder recuperar mediante la comercialización.

Este sistema está difundido en Europa y estados Unidos mediante el sistema on line: se llena un formulario, se envía un original dentro de ciertos parámetros, se hace el depósito del precio y a vuelta de correo se tienen  los libros, pero es un procedimiento complejo y algo caro.

Una opción intermedia, entre las empresas on-line y las editoriales, son las pequeñas empresas de servicios editoriales,  que ofrecen apoyo y asesoramiento en el proceso  y  ofrecen  precios más económicos. Ver más información en http://quieropublicarunlibro.blogspot.com/p/las-grandes-editoriales-no-publican.html .

¿Qué resultará de esta nueva opción? Posiblemente muchos libros sin gran valor literario, pero en ese contexto aparecerán también grandes valores que de otro modo permanecerían en el anonimato. Los autores galardonados y reconocidos tendrán siempre una puerta abierta para enriquecer nuestro mundo con su arte, pero es importante que no se cierre esa posibilidad a los que sienten dentro de sí ese mismo fuego, ese mismo anhelo de compartir su mundo interior con los demás.

Al parecer la revolución editorial está en manos de los pequeños audaces que promueven nuevos valores y que darán voz a quienes el sistema monopólico de las editoriales quiere dejar en silencio. 

14 de octubre de 2010

Cosas que sólo pasan en el Perú (III)

¿SIN VEREDAS ES MEJOR?  o... “Si te atropellan... no es mi problema”


Si algún funcionario de la municipalidad me brinda la información se lo voy a agradecer, pero se me ocurre que en alguna parte debe existir una norma que ordena que toda calle tenga veredas ¿cierto? Lo digo porque pienso que es la forma civilizada para que los individuos caminen por calles y plazas, más aún cuando por las pistas circulan vehículos motorizados de todas las formas y tamaños (léase: automóviles, camionetas, camiones, buses y demás) que podrían poner en riesgo su integridad de no transitar por espacios diferentes.

Sin embargo, en nuestro país todo es posible, y un ejemplo lo tengo muy cerca, en Trujillo, en una urbanización muy bonita, llena de casas bellas y flamantes edificios, pero que no tiene veredas. En esta urbanización las casas están precedidas de entradas con baldosas, lajas, jardines, etc., que llegan hasta el filo mismo de la pista, sin berma ni vereda alguna. Ergo, si no desea caminar por la pista (que no sólo es indebido sino peligroso) deberá usted llegar en auto o hacer que lo bajen de un helicóptero directo al techo del lugar al que quiere ir. Tengo entendido que en Lima hay algunas perlas del mismo tipo (¿en la urbanización Camacho, puede ser?) pero eso no hace que sea menos repudiable. Me pregunto cómo podría hacer un minusválido en silla de ruedas, supongo que le resultaría una zona vedada, salvo que su silla sea 4 x 4 y pueda subirse a los jardines de los vecinos. 

Es una situación bastante curiosa, porque  existen sanciones para quienes depositan material de construcción en la vereda, también para quien obstruye la vereda e interrumpe el libre tránsito... pero no pasa nada con quien decide no construir veredas e ignora el derecho de los individuos  que se transportan a pie. ¿No es de Ripley?

Se supone que donde existen más recursos las obras deben realizarse de la mejor manera y con todo el cumplimiento debido a las normas, sin embargo este tipo de “urbanización” (en tanto proceso para hacer urbano un espacio)  se ha llevado a cabo en una zona residencial de alto nivel adquisitivo, pero llevándose por delante los derechos de los ciudadanos, pues sólo se concibe si quienes diseñaron y habilitaron el espacio “urbano” lo hicieron pensando en que sólo llegaran a él personas en automóvil  y a los peatones los borraron del universo por misios, supongo.  Es una muestra de discriminación criminal e indiferencia por el derecho de los demás que no debería permitirse en ningún lugar.

Siendo éstas zonas urbanizaciones conocidas y con residentes de gran prestigio y capacidad económica (no diría cultural, pues a mi juicio esto lo pone en serias dudas), deben ser visitadas con frecuencia por autoridades diversas que han debido percatarse del detalle al  recorrer sus calles ¿ o no? Imagino que no, porque de haberlo hecho hubiera visto el flagrante y evidente desprecio por las normas de derecho público y la falta absoluta de seguridad que las veredas  inexistentes proporcionan a quienes pasan a pie por la zona y eso significaría una complicidad ominosa.

¿Qué fue del Alcalde? ¿Qué fue de la Defensoría del Pueblo? ¿Los funcionarios del Ministerio de Vivienda? Mutis por el foro. Nadie sabe ni ha visto nada, y cuando pasan con sus autos por ahí, que más tarde o temprano lo han de hacer, de seguro no ven de lo que hablo... porque viajan con lunas polarizadas.      

8 de octubre de 2010

Mario es un premio para el Premio Nobel

Eduardo González Viaña, brillante escritor peruano y catedrático universitario en Oregón, Estados Unidos, escribe en la entrega nº 502 de su Correo de Salem, con la pluma autorizada y solvente de siempre, un extenso y muy interesante artículo sobre el flamante Nobel peruano, que reproduzco para ustedes.

Mario Vargas Llosa:
Los poderes secretos de la literatura
Durante el fujimorismo, una abrumadora mayoría de peruanos calificaban de antiperuano a Vargas Llosa por haber reclamado sanciones internacionales contra el autogolpe. Algunos periódicos lo mencionaban como “el español”. Incluso el primado del catolicismo peruano, Cardenal Cipriani, lo atacó de una manera que hizo que MVLL lo considerara abierto y descarado cómplice de la dictadura.
El sátrapa japonés que quiso quitarle la nacionalidad está ahora en la cárcel. Sin embargo, el fujimorismo llena las calles de Lima e incluso colma el pensamiento no muy encubierto de quienes suponen que la barbarie es la única forma eficaz de gobernar  un país.
Supongo, sin embargo, que ahora el patrioterismo clamará ahora que el pisco, la buena comida y Vargas Llosa son peruanos. Ojalá que ellos también entiendan hoy que la inteligencia y la honestidad – los poderes de la literatura- tarde o temprano terminan por imponerse a lo indeseable, lo ramplón, lo criminal y lo indigno.
Tal es la razón de este texto sobre Vargas Llosa y los poderes secretos de la literatura.
Cuando lo conocí, el 66, Mario Vargas Llosa me confesó que quería viajar a Lima –no recuerdo si estábamos en París o La Habana- para romperle el alma al cholo Hernán Velarde, un periodista que le había hecho un reportaje en el cual la retórica se imponía al contenido, y las frases supuestamente galanas del reportero estrangulaban o por lo menos velaban las declaraciones del escritor. 
Antes de transcribir una respuesta cualquiera, Velarde afirmaba que “mientras Vargas Llosa habla, Lima se va envolviendo en su baby doll de neblina.”, una metáfora de sabor dudoso que utilizaba en todos sus reportajes. En ellos, la capital de Perú practicaba strip-tease y se iba “envolviendo en su baby doll de neblina” mientras hacían declaraciones Ciro Alegría y Alberto Terry, los Panchos y el Ministro de Salud, Anakaona y la alcaldesa de Lima, entre otros personajes de entonces.
 “Mario desgrana ahora su risa de choclo y afirma…” Y embobados ante los choclos, el baby doll y otras chafalonías de ese repertorio, los lectores olvidaban al entrevistado y quizás pensaban también en el alma de Velarde.
En esta nota, me arriesgo a lo mismo que el periodista por transcribir, en forma parecida a un reportaje algo de lo que fue, en verdad, una conversación entre viejos amigos que se ven un siglo después y comentan los movimientos que dio el planeta mientras no se vieron.

Salvar la democracia
—Nos hemos salvado de una buena, viejo. Se ha acabado una dictadura tan feroz  y tan perfecta que parecía construida para durar hasta siempre.
Me lo dijo Mario Vargas Llosa en una conversación que tuvimos cuando hace muy poco nos encontramos en Lima.
—Gracias a unos pocos…—le respondí— y dentro de esos pocos, gracias a ti.
Se lo dije porque la dictadura que ha padecido el Perú no fue solamente el logro brutal de una imposición armada sino también el fruto de una creencia irresistible, de una mentalidad compartida por gobernantes y gobernados en el sentido de que no importan los métodos ni la ética de un gobierno con tal de que éste sea eficaz. Los miasmas contagiosos de esa mentalidad estaban en todas partes e impregnaron, incluso, a muchos que suponían ser disidentes.
Las atrocidades de Fujimori y de su banda no solamente no fueron criticadas, sino más bien aplaudidas y le hicieron subir el “rating” cada vez que ocurrían. El gobierno no se cuidó demasiado de disimular su escuadrón de la muerte, de esconder los cadáveres de los estudiantes asesinados y quemados vivos, de acallar a las mujeres violadas y torturadas, de borrar el rastro de la agente descuartizada, de negar a los miles de inocentes encarcelados, “juzgados” en menos de una hora y condenados a perpetuidad por unos aberrantes tribunales sin rostro. Aun en nuestros días, los derechos humanos no son plataforma de ninguno de los candidatos presidenciales, y los criminales gozan de una amnistía que ni siquiera han pedido porque nadie los ha acusado de genocidio.
De forma disimulada, el gobierno y la cúpula militar habían vendido la idea de que eran imprescindibles para la seguridad de la patria y de que todas las barbaridades de la “guerra sucia” eran la única forma de acabar con la subversión. Que le vendieron esas creencias incluso a los opositores es evidente. En las elecciones del 95 y del 2 mil, no se presentó una oposición unida frente a la dictadura, sino un conjunto de partidos cuya participación en cierta forma, legalizaba el régimen antidemocrático. E increíble, pero cierto, en plena campaña contra la primera reelección, muchos políticos opositores abandonaron el país y viajaron, comisionados por el gobierno, a otros países para hacer supuestamente propaganda “contra las pretensiones del Ecuador.”
—El Perú— dijo en esa época Vargas Llosa— vive una dictadura disimulada que mantiene unas formas hipócritas para aplacar a la comunidad internacional pero que de hecho perpetúa la tradición autoritaria latinoamericana. El presidente es un fantoche y las decisiones fundamentales las toma un pequeño grupo militar. Hay una política de intimidación sistemática a cualquier tipo de disidencia; la prensa es controlada, sobornada e intimidada; la opinión pública es manipulada y hasta las encuestadoras obedecen a la estrategia del régimen.
La denuncia de Vargas Llosa tuvo dos resultados. En el exterior, su autoridad moral desenmascaró al fujimorato. En el país, su admonición no fue popular. A través de todos los medios controlados, el gobierno se había adelantado a decir que el gran novelista quería dejar al país sin créditos y en la bancarrota. En consecuencia, no faltaron maritornes de la supuesta oposición que lo calificaran de exagerado, alguna revista dominical de literatura soslayó sus libros y sus premios, y los índices de las encuestadoras mostraron a Fujimori en la apoteosis del rating.
Ahora, todos en el Perú son partidarios de la democracia, pero no los había tantos en la época de Fujimori. Por su parte, la oposición —“moderada, responsable, decente” evitó declarar ilegal al gobierno porque ello habría significado no participar en la búsqueda de una curul parlamentaria. Arrinconado, solitario, calificado de ex peruano, Vargas Llosa insistió. Con obstinación, con inteligencia, con denuedo y con agallas, interpuso su demanda ante personajes y organismos internacionales, y su tremendo poder de convicción logró que la tiranía perdiera la máscara y fuera señalada como tal.
La publicación de la La fiesta del Chivo y su presentación desafiante en Lima fueron el hachazo final. La identificación de Trujillo con Fujimori y  de Johnny Abbes con Montesinos era inmediata y mostraba ante el mundo la verdadera cara del régimen, colmada de sangre y de boñiga pestilente, mucho antes de que los vladivideos la hicieran pública. Como Juan Montalvo, Mario bien podría decir de la dictadura “mi pluma la liquidó.”
Salvar una vida
Lo anterior viene a cuento ahora porque también en 1966, en conversación informal, le escuché a Mario celebrar con fe intransigente los poderes de la literatura.
-Si como dices, quieres luchar por tu país, tu literatura también puede servir para eso. Tu obra puede ser más contundente que las armas.
La persona a quien estaba dirigida esta frase era un joven sudamericano, a quien llamaré Andrés aunque ese no sea su nombre. Andrés, de 22 años y autor de un libro de cuentos, estaba preparado para ir a su país e incorporarse a la lucha guerrillera. El ejemplo romántico del poeta Javier Heraud le hacía pensar que no había otro camino para derrotar a una sociedad corrupta que un sacrificio valeroso y una muerte honorable.
—Vi a Javier Heraud en París poco antes de su viaje al Perú. Si hubiera sabido que iba a tomar las armas, habría tratado de convencerlo de que no lo hiciera. Su poesía, y no su muerte innecesaria, es el más poderoso argumento para la edificación de una sociedad justa— alegó Mario- Además, en las presentes circunstancias, creo que tú sencillamente te estas suicidando.
 Andrés respondió que no tenía  deseos de suicidarse y que no creía que su decisión pudiera estar motivada por algún problema emocional. “Sencillamente, quiero ser útil a la causa de la libertad y del socialismo.”
 —El trabajo del escritor —insistió Mario- no alcanza a transformar al mundo ni al hombre, pero nos induce a servir valores sin los cuales es desesperante el mundo, y el hombre deja de ser respetable.
Después habló con pasión sobre los poderes secretos de la literatura, insistió en que tal vez ella era capaz de cambiar el mundo sin que el mundo lo advirtiera y de preparar las conciencias para el advenimiento de una sociedad más humana.
—Tú quieres rehuir esa tarea- le dijo a Andrés. Estás tomando el camino más fácil. Cuando hayas publicado siquiera diez libros, tendrás derecho a pensar en lo que ahora estás pensando.
Por fin, luego de una larga charla, Andrés quedó convencido, y no viajó a su cita con la muerte. Hasta el momento, ha publicado más de los diez libros que Mario le sugirió escribir y cree que su decisión de entonces fue acertada. Está seguro, además, de que la paz es el mejor camino hacia la justicia.
Por coincidencia temible, el avión en el que Andrés iba a hacer transbordo obligado para regresar a su patria se estrelló
Todos saben lo que Mario Vargas Llosa ha estado haciendo en los años que van o vienen desde entonces. Desde “Los jefes” hasta “El paraíso en la otra esquina”, este escritor torrencial ha visitado el mundo de los jóvenes, ha revelado la brutalidad de la institución militar, ha desenmascarado la corrupción de la dictadura, ha rastreado las rebeliones religiosas, ha recorrido los misterios de su propia vida,  ha señalado las contradicciones de algunos grupos de izquierda, ha caminado por el mundo sin tiempo de la Amazonía, ha descrito el terror en los Andes, ha mostrado la fiesta atroz de los tiranos y, por fin, ha seguido los pasos y peregrinaciones de una agitadora social del siglo XIX.
Nuestra América ha recibido de él una profecía como la de Whitman y una lección moral como la de Tolstoy, pero sobre todo, su propio país, que conoció ayer la cobardía y el crimen y anda hoy extasiado frente a los videos de la corrupción, sabe hoy que todavía existen hombres honestos y aprende que escribir y leer son actividades que pueden tornar al mundo más decente.
Mario es un premio para el premio Nobel. Andrés, que no se llama Andrés sino Eduardo, lo visitó recientemente para obsequiarle uno de sus libros. La próxima vez que lo vea, estoy seguro de que le dirá: “Gracias, Mario, por haberme salvado la vida. Gracias por habernos salvado el alma”, aunque creo que eso ya fue dicho, el corazón no tiene memoria.

Info sobre Eduardo González Viaña en: http://www.elcorreodesalem.com 

6 de octubre de 2010

Cosas que sólo pasan en el Perú (II)

Una elección que se eterniza y el significado del Poder

Mucho se ha dicho de los recientes comicios municipales de Lima, la ciudad capital del Perú, en los que se han dado de todo, como en botica. Desde los gritos de alerta contra un posible fraude, los razonamientos que supuestamente explican como es imposible que tal cosa suceda, y una población cada vez más dividida, luego de un proceso electoral que tuvo todo menos decencia. Pero lo único que tenemos en claro es que nadie sabe nada, o como diría la Chimoltrufia, "lo único que sé es que quién sabe". El país está en suspenso entre dos opciones muy distantes polìticamente, y todo ¿por qué? Porque sabiendo que somos una población con una formación bastante escasa el Gobierno diseña procesos electorales complejos y enreversados, en lugar de comprar sistemas sencillos y anti-fraudes (como el digital o electrónico). Perdón, sé que me dirán que eso no lo hace el gobierno sino el órgano competente (la Oficina Nacional de Procesos Electorales, ONPE) pero creo que todos tenemos claro que en este país la "independencia" de poderes e instituciones es un gracioso saludo a la bandera. Pero tal falta de visión, ¿será por la escasez de recursos, por un comprensible desacierto o responderá a malévolos intereses?


El señor Fernando Tuesta Soldevilla, ex director de tal organismo, publica en su blog POLITIKA (http://blog.pucp.edu.pe/fernandotuesta/la-onpe-el-conteo-y-un-fraude-descartable) una sesuda explicación de cómo funciona el sistema y que por lo tanto no se trataría de un intento de fraude sino que es sólo la lentitud natural del proceso por su complejidad y mala realización.Yo le contestaría al señor Tuesta que espero que sea así, pero que, sin embargo, a veces las cosas son más sencillas de lo que se pudiera creer. Y para muestra un botón.


En Lurín el candidato de PPC-Unidad NacionalJosé Arakaki  alega haber sido víctima de una maniobra fraudulenta del Apra y presentói su denuncia con el apoyo del representante de Fuerza Social (opositores acérrimos en Lima pero, ya se ve, pueden unir fuerzas cuando el enemigo es común). ¿Cómo se puede realizar algo así? Muy simple. Ya de noche estaban haciendo el cómputo de las actas de todo un centro de votación, con un  resultado favorable al candidato Arakaki, con un 5% de ventaja sobre su contendor del Apra, cuando de pronto... ¡se fue la luz!  Miembros de mesa, personeros y demás se sumieron en la confusión que se genera en la oscuridad repentina y se armó un alboroto hasta que la luz volvió: al parecer alguien había bajado la llave de energía "sin querer". En ese momento reiniciaron la suma de actas... pero desde ese momento todas las actas favorecían al candidato aprista!!! Se había realizado un evidente cambiazo de actas, desapareciendo las reales y "sembrando" las adulteradas.


Si es o no posible que estas cosas sucedan, vean al respecto en http://peruanista.blogspot.com/2010/10/triunfo-electoral-de-susana-villaran-es.html . Cosas como las que se consignan y otras mucho peores a veces no pueden ser registradas o evitadas por falta de personeros, personal mal capacitado, etc. Por lo tanto, lamento discrepar con el señor Soldevilla, pero en este país todo puede pasar, y el hecho de que no se tengan pruebas fehacientes no indica que no sucedan, y la única manera de prevenir es estar alerta. Es como un sismo: se cree que puede darse, nadie tiene seguridad, pero es mejor avisar a la población ¿verdad? De lo contrario, si esperamos a tener pruebas será porque no pudimos evitar el desastre.


Fernando Villarán, profesional sumamente destacado, empresario  y ex servidor público del país, además de hermano de la candidata Susana Villarán, ha publicado en el blog Espacio Compartido, donde suele realizar publicaciones de temas políticos y económicos, http://compartidoespacio.blogspot.com/2010/10/el-fraude-en-marcha-fernando-villaran.html
un artículo por el que mucha gente lo va a satanizar, pero con una opinión centrada y juiciosa como acostumbra. En tal caso, es su opinión y tiene todo el derecho de darla. Es más, en las respuestas a su artículo, una "Chapulina", declarada personera de Fuerza Social, relata cual amena crónica su experiencia en este proceso, y consigna, entre otras cosas, que "he sido testigo de primera vista que ha pasado lo que tú relatas, que los miembros de mesa titulares fueron reemplazados por suplentes no capacitados - porque no se aparecieron a la hora o quizás nunca llegaron a votar - y, en muchos casos, por electores de la fila. El riesgo de un mal trabajo se eleva, y más aún el riesgo de cometer negligencias con las actas, no por malicia, sino por desconocimiento".


Mi reflexión, sea o no cierta la hipótesis de que se estaría orquestando la tentativa de un fraude electoral, es que resulta lamentable los extremos a los que lleva la ambición de poder, ese monstruo devorador de conciencias al cual nada satisface y que de seguro tiene entre sus garras a empresarios corruptos y corruptores, políticos de diversas tiendas y más de un prestigioso personaje que vive gracias a su doble cara. ¿Ambición de dinero? No lo creo, quienes estarían en la movida (tanto de la derecha como del Gobierno) tienen la vida asegurada hasta su tercera generación. Creo que es la necesidad de cubrir sus pasos (léase entuertos y contubernios) y la ambición de PODER. 


Ya lo decía John F. Kennedy: "Aquellos que locamente buscan el poder cabalgando a lomo de un tigre, acaban dentro de él".


Dios nos libre.

26 de septiembre de 2010

Cosas que sólo pasan en el Perú



Tal vez el título sea muy pretencioso porque, debo confesarlo, mucho de lo que leerán en realidad se refiere a la ciudad donde vivo, por ello espero que los peruanos residentes en otras ciudades o en el extranjero, sean los encargados de corregirme o ampliar mi limitado panorama mediante sus comentarios, que son siempre bienvenidos.
Con todo, y aún a riesgo de caer en el error, quiero compartir con los lectores de este rincón algunas realidades muy particulares, bajo mi personal punto de vista, y que iré compartiendo en sucesivas publicaciones.


I.- ¡POR LOS CRUCEROS PEATONALES… JAMÁS!
El nuevo reglamento Nacional de Tránsito, y su correspondiente Código, establece ahora multas no sólo para conductores sino también para peatones que infrinjan normas de seguridad, como cruzar vías de alta velocidad sin hacerlo por los puentes peatonales, bajar de vehículos en medio de la pista, o cometer imprudencias varias que puedan ocasionar un accidente. En Lima ya se está realizando la capacitación y difusión del caso, pero a la provincia sólo ha llegado un rumor mezclado con las noticias del festival de la primavera y los muchos comentarios de que éste es el invierno más frío que hemos pasado.

Sin embargo, hay quienes dicen que sería obligatorio cruzar en todos los casos por las esquinas, es decir, por el crucero peatonal, esté o no pintado en la calzada, so pena de multa.  Imagino que nada de eso es cierto, porque si así fuera,  me declaro culpable y reincidente permanente de cruzar por mitad de cuadra, y… ¡qué se atrevan a multarme!

No se trata de andar de subversiva o de promover el desacato a las leyes y normas, sino que dejar sentado que amo mi vida y que mi cuerpo, con sus defectos y virtudes, lo quiero completo y en una pieza. ¿A qué viene esto? A que en países civilizados el ser humano que se traslada caminando (llamado comúnmente “peatón”) es protegido por las normas y tiene la preferencia sobre el vehículo motorizado (supongo que es porque nunca se ha visto que un peatón atropelle a un taxi). Sin embargo, en el Perú el automóvil tiene siempre la preferencia y si convergen en un cruce un peatón y un auto, al fulano de a patita más le vale que le salgan alas o se convierta en Hulk con sus saltos de 20 metros, porque va a tener que salvar su pellejo como sea, porque el carro ni siquiera va a disminuir la velocidad.  

Es por eso que siempre les enseñé a mis hijos que se cruza por la mitad de la cuadra, de modo que tengan una mayor distancia para poder ver si de pronto aparece por la esquina un desgraciado con carro manejando a toda mecha de forma que no deja tiempo más que para saltar como gato a la vereda con una lisura en la boca que ni siquiera termina de salir mientras el desgraciado en mención ya está por la otra cuadra zumbando y asustando a más peatones indefensos. Es verdad que somos un país religioso, pero tampoco es para que andemos rezando cada vez que tenemos que cruzar la pista, y de hecho si lo hiciéramos por las esquinas ya andaríamos apostando la vida. En mi amado país el que tiene el auto es el que manda, y los que andamos a pie... patitas pa' qué te quiero, a correr se ha dicho que la idea es ponernos a salvo, sin importar un reglamento que al fin y al cabo de nada va a servirme si termino en un cajón.

Botón de muestra: hace un par de semanas casi fui arrollada con mi hija menor de edad, mientras cruzaba, en pleno centro de la ciudad, por un crucero peatonal y con  un semáforo con la luz que me autorizaba a pasar, porque una combi (prohibida de ingresar a esa zona de la ciudad) estaba por ahí y luego de reducir la velocidad por el rojo que se anunció frente a ella, decidió que era mejor acelerar y pasar de una buena vez, aprovechando que los transeúntes recién estábamos a mitad de pista. Entre el sonido del motor y la visión del vehículo que se nos vino encima, no pudimos hacer otra cosa que correr para salvarnos. Fue tal el susto que nos pegamos que no me salió ni un grito ni una lisura (muy oportuna y merecida en estos casos) y la presión se me normalizó recién como dos cuadras más allá. Llámenme tercermundista, provinciana, o lo que quieran, pero mientras los automovilistas no aprendan a respetar al peatón, mi primera obligación es mantenerme con vida, y cruzando por las esquinas, reduzco mis posibilidades drásticamente. 

Quienes no me crean,  que se den una vueltecita por la ciudad cruzando por las esquinas, y va a ver cómo: 1) se da cuenta de que es un sistema extremadamente peligroso, rayando en lo suicida, y 2) se vuelve creyente ferviente porque si no es de milagro que termina vivo… no hay otra explicación.