30 de noviembre de 2010

Unos Comentarios Sobre el Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)

Hace poco asistí a una charla para padres de familia sobre el Trastorno de Déficit Atención e Hiperactividad (TDAH, por sus siglas en español) y escuché, de boca de un médico neurólogo y de una maestra con especialidad en problemas de conducta, algunos “hechos” que no pudieron hacer otra cosa que alertarme en gran medida, pero no en relación a lo dicho sino porque me parece preocupante que se pueda decir cosas tan increíbles de forma tan irresponsable. Y voy a lo dicho para aclarar el tema.
Entre otras cosas se dijo en esta reunión que “más del 70% de niños actualmente  tiene TDAH” y que en “la mayoría de casos el tratamiento farmacológico es de gran ayuda”. Y, ojo, que lo escuché bien pues confirmé el punto con otros asistentes y no había error de mi parte.
Mi primera impresión fue que mis matemáticas debían andar muy mal, pues de ser cierto lo afirmado resultaba que tres cuartas partes de la humanidad viene naciendo con una deficiencia neurológica, que es como se origina este síndrome que afecta a niños con una gran dificultad para la concentración y el enfoque que requieren el estudio y la mayoría de tareas que son parte del crecimiento y el aprendizaje.
Si fuese cierto lo dicho por el “profesional”,  el calentamiento global ya no sería un problema mayor porque a este paso la humanidad se iría a la porra en un santiamén, dirigida por una mayoría aplastante de personas que requieren especialistas para poder aprender lo mínimo sin irse por las ramas o salir disparados por la ventana. Y lo digo con todo el respeto del mundo por los pacientes afectados de este mal (y sus familias) pero con la claridad  de que son personas afectados por un mal crónico y que requieren un soporte grande y sostenido, a lo largo de su vida, para poder realizar las mismas tareas que los demás pueden hacer sin mayor alboroto.
Conversando con especialistas e indagando en diversas fuentes, encuentro como más fidedigno el hecho de que hay un porcentaje muy alto de “diagnósticos” de TDAH, pero que de ese grupo sólo un porcentaje mucho menor  padecería verdaderamente el trastorno (unos hablan de 3 a 5% y otros entre 5 y 7%). Los demás niños pueden mostrar síntomas de otros trastornos conductuales pero no de uno neurofisiológico y por lo tanto no califican como TDAH ni requerirían tratamiento farmacológico alguno.
Esa misma información indica que en muchos países el 70% de los niños hiperactivos (ya diagnosticados) toma fármacos para mejorar su concentración, en su mayoría  medicamentos estimulantes derivados de la anfetamina, algunos tipos de tranquilizantes, ansiolíticos y antidepresivos, aún cuando  muchos médicos y pediatras están en contra de una medicación fácil ofreciéndole al niño sustancias tan fuertes. En Holanda se calcula en cerca de  750,000 niños, entre  cinco y quince años, como la población que consumió en el 2008 medicamentos orientados a tratarlos por TDAH, lo que significa un 34% de la población o uno de cada tres niños de ese rango de edad.  Ese porcentaje es alarmante si consideramos que verdadera la incidencia del mal se estima que afecta como máximo, a nivel mundial,  a un 7% de la población en ese rango.  A pesar que medicamentos como el Ritalín ya están aprobados por la FDA para uso en menores, nada justifica su prescripción indiscriminada y, sobre todo, innecesaria.
¿Por qué se da este exceso en la prescripción farmacológica?
 Esto podría deberse al hecho de que los actuales problemas de comportamiento que muchos niños o jóvenes generan  en su familia o entorno, suelen impulsar a padres o maestros a la búsqueda de remedios inmediatos en lugar de una minuciosa revisión de la estructura de relaciones intrafamiliares y un lento programa de terapia y modificación de conductas. Temas como la alienación de los medios de comunicación, el desfase generacional y la intervención de la tecnología en el desarrollo y aprendizaje de actitudes de las nuevas generaciones, están marcando a millones de niños y jóvenes en todo el planeta, afectando sus relaciones familiares y sociales en general, sin embargo un fácil etiquetamiento de TDAH y una prescripción farmacológica no es la solución, sino el inicio de un nuevo problema, tal vez más grave aún. Otro factor que puede tener relación, es el bajo costo de las medicinas (especialmente en Europa) y la popularidad que tiene el tema en la actualidad, lo que facilitaría un diagnóstico poco minucioso y hasta ligero.
De todo ello podemos tener en claro que el TDAH no lo padece una gran mayoría de niños sino sólo un universo muy inferior al 10% y aunque, obviamente es una situación preocupante,  se distancia mucho de la alarmante afirmación planteada en la charla en cuestión.
La pregunta del millón: ¿Por qué habría tanto falso diagnóstico de TDAH?
Los niños que sí sufren TDAH, en un  70%  pasan por severas deficiencias en el proceso de aprendizaje lo que le ocasiona muchos trastornos en casa y en la escuela que no hacen sino complicar su situación, por lo que requieren un soporte muy grande y bien estructurado. Sin embargo, diagnosticar un caso es una tarea más compleja que sólo detectar a un niño que no se está quieto y saca malas notas en la escuela.
En gran medida el problema radica en los soportes para el diagnóstico, que se basan en la  observación  del comportamiento (diagnóstico clínico) más que en parámetros objetivos e indubitables (exámenes  de laboratorio, estudios de sistema nervioso, etc.).
Para un diagnóstico eficiente generalmente se requiere la participación coordinada de un  pediatra,  un psicólogo, un psiquiatra y un neurólogo, sin embargo en muchos casos uno solo de estos  especialistas   diagnostica el problema de forma aislada. Según organizaciones especializadas en atender estos casos, es necesario evaluar que los síntomas que presenta el niño cumplan no con algunos sino con una base sólida de criterios diagnósticos del TDAH,  y si es así definir la severidad del problema para presentar el caso.  A continuación  se realizará una historia clínica detallada, incluyendo los antecedentes personales y familiares  y se valorará las relaciones familiares y sociales. Luego debe incluirse un examen clínico que incluya un descarte de anomalías físicas que sugieran alteraciones genéticas,  una exploración de visión y audición y otra neurológica. Sólo luego de todo ello se puede realizar un diagnóstico y evaluar los beneficios o contraindicaciones del tratamiento farmacológico.
El sitio www.tda-h.info publica que “entre el 3 y el 7% de la población infanto-juvenil sufre TDAH” sin embargo añade que “sólo están diagnosticados el 1 ó 2% de los niños”. Si bien estas estadísticas son bastante razonables, muchos especialistas no están de acuerdo y creen que se está medicando a niños que no lo requieren. En cualquier caso, entre el deseo de resolver un problema familiar y ayudar a un hijo con dificultades de comportamiento extremas, lo más acertado es recurrir a un médico con experiencia en este tipo de trastorno y realizar la evaluación de los diversos especialistas anotados, para asegurarnos de que se efectúe un diagnóstico científico y responsable, y asegurar que no estemos medicando a un niño, con todos los efectos secundarios que tales medicinas comportan, sin necesitarlo. 
Trudy Dehue, psicóloga y filósofa de la Universidad de Groningen, especialista en el tema, afirma que si bien muchos niños hiperactivos y con TDAH pueden beneficiarse con un tratamiento psiquiátrico, probablemente otros requieran un enfoque más sociológico que individual, incluyendo escuelas más pequeñas, menos actividades extraescolares, y menos presión en general. "La industria farmacéutica se ha aprovechado de la ambigüedad del manual de la Asociación de Psiquiatría de Estados Unidos [DSM-IV] sobre qué se puede considerar TDAH, para ofrecer sustancias destinadas a lograr que las chicas estén calmadas", afirma.
Moraleja: Porque su hijo hable mucho, saque a la maestra de quicio y se mueva con facilidad, no es razonable alarmarse y sospechar de TDAH. Si considera que es una posibilidad para su niño, infórmese muy bien primero y acuda al especialista luego para el respectivo descarte. 
Sólo un proceso de diagnóstico realizado por profesionales competentes y experimentados en el tema, de las especialidades arriba señaladas, puede darle una orientación realista y responsable sobre el estado de su niño, que de ser positivo requerirá, más que medicina, un acompañamiento especial y una vida rodeado de elementos que lo ayuden a aprender, a jugar y a querer, de forma adecuada a sus necesidades particulares para que llegue a ser una persona, en todas las etapas de su vida, feliz y plena.

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