24 de febrero de 2012

El "choleo", entre la agresión y la evidencia de las propias carencias

Este tema ha dado mucho que hablar, y más allá de que el chico en cuestión sea hijo de una "actriz" conocida (Celine Aguirre realmente no es mayor cosa) y de un cantante con trayectoria, como Miky Gonzales, me parece que lo importante es el tema subyacente: el racismo.

Comparto las ideas vertidas por Beto Ortiz, en el sentido de que es un hecho mediático porque la madre, personaje de "chollywood" como diría Magaly Medina,  lo ha hecho así, pero si fuera un chico cualquiera hijo del señor de la esquina, nada de esto hubiera pasado y nadie se hubiera rasgado las vestiduras.
Más allá, el problema es cierto, el racismo continua siendo una realidad en el Perú, y los prejuicios sociales, por anacrónicos  que resulten (porque como apuntó alguien en un blog "el no no tiene de inga tiene de mandinga"), siguen desuniéndonos y cortándonos las alas para ser una nación más próspera y desarrollada.

Con su claridad habitual, Jorge Bruce, destacado psicoanalista, además de escritor y hombre particularmente lúcido, en su columna del diario La República (El Factor Humano), http://www.larepublica.pe/columnistas/el-factor-humano/un-viejo-regulador-impune-19-02-2012, escribe lo siguiente:

"¿Por qué brotan con tanta frecuencia los insultos racistas en los conflictos callejeros? La respuesta parece evidente: porque son los que más duelen. Pero, entonces, ¿por qué duelen? Porque connotan odio, desprecio y, sobre todo, porque clasifican a las personas en estratos sociales que no poseen el mismo valor ni derechos. Si te dicen “serrano” sólo están aludiendo, en sentido descriptivo, al dato geográfico de tu procedencia. Pero, en el imaginario racista, el oriundo de la sierra es una persona a quien se le atribuyen una serie de características de inferioridad, asociadas a diversas carencias en términos educativos, que se traducen en fealdad, costumbres incivilizadas, ociosidad, falta de higiene, mal gusto, poco respeto por los demás, etcétera. En suma, toda la dinámica del prejuicio condensada en el acto, marca Perú, de cholear". 

Sí, pues, choleamos a quien queremos humillar, lo triste es que al hacerlo nos pintamos de cuerpo entero y gritamos a los cuatro vientos nuestras carencias y limitaciones, tan profundas que para taparlas recurrimos al color de nuestra piel, que tal vez sea lo único que sabemos que puede hacer una diferencia entre nosotros y los demás. Triste, muy triste, pero peligroso también, porque al sentirse acorraladas algunas personas (y algunos animales también) se vuelven más agresivas y atacan con más fuerza.

En el post anterior Gustavo comenta: "Sea como sea, las masas pitean (protestan) más no trascienden". Estoy de acuerdo. Lo preocupante es que, en este caso, muchos creen que a mayor protesta mayor razón. Finalmente, la trascendencia del tema de este muchachito malcriado y agresivo no está al nivel de la Marcha del Agua o la captura de Artemio, y no debería merecer tanto espacio y atención,  sin embargo el fenómeno subyacente, el racismo y la discriminación, sí la tienen.

Más info:
http://lavozatidebida.lamula.pe/2012/02/17/bruce-racismo-peru/pedrosalinas
http://manologo.wordpress.com/2012/02/21/akundun-kataplun/
http://controversiarte.blogspot.com/2012/02/sobre-nuestro-consuetudinario-racismo.html

22 de febrero de 2012

Borregos en la RENIEC

El otro día, cuando estaba pagando en un supermercado con mi tarjeta de crédito, me di con la ingrata sorpresa de que mi DNI (documento nacional de identificación)  había vencido dos días antes. ¡Qué bochorno! Más allá del tema del pago de esa cuenta, me quedó la tarea de acercarme a la RENIEC al día siguiente para realizar la gestión de renovación.
Así que, acompañada de mi esposo (ambos teníamos fechas de caducidad muy similares), me acerqué al local de Víctor Larco, por ser el de mi distrito y donde habitualmente hay muy poco público, pero en el que encontramos unas colas largas y llenas de personas sofocadas por el calor de las 2 de la tarde en pleno verano. Ni modo, no teníamos alternativa, ya que uno u otro día iba a ser igual,  así que nos ubicamos detrás de la última persona  y comenzamos la espera.
Afortunadamente al poco tiempo de estar formando la cola de espera para ingresar al local, bajo un inclemente sol, la gente de la RENIEC decidió pasar esa cola al otro lado del local, protegido bajo un poquito de sombra y poner en su lugar en la cola a quienes ya iban sólo a recoger su documento de identidad, que era muy corta y por momentos ni había cola. Sabia decisión que todos agradecimos, sin pensar que en poco tiempo cambiaríamos mucho la opinión.
Entonces comenzó una espera a medias amenizada por conversación con mi esposo, una muy superficial y  sosa, apta para realizarse en lugares públicos y llenos de distractores, como el niño que jugaba muy cerca de nosotros o el señor que trataba, infructuosamente de vender sus estuches para el DNI a quienes salían con su flamante documento en las manos. Para hacer más ameno el asunto cada media hora, aproximadamente, echamos mano de los chupetes BB de D’onofrio, que en sus sabores de fresa o granadilla son realmente refrescantes y atenuaron mucho el aburrimiento y la sofocación. 
En ese marco, la pregunta del millón era: ¿si la cola no es tan larga por qué no avanza? Hipótesis había varias pero certeza ninguna.
El caso es, para hacer corta la historia, que cuando nos acercábamos a las 3 horas de formar cola, por fin pudimos ingresar  al local, lo que significaba esperar que atendieran a 30 personas antes que a nosotros, pero ya  bajo techo, con ventiladores y esperando sentados (sentándonos en el asiento contiguo cada vez que alguien avanzaba un turno, como en una especie de danza cómica), lo cual era significativamente mejor. Sin embargo, recién entonces pudimos saber por qué la cola avanzaba tan lentamente: de cuatro computadoras destinadas a atender trámite de DNI, sólo una tenía operador, es decir, la gente estaba almorzando, de parranda o por el motivo que fuera no estaba en su puesto, como si el hecho de hacer que el público usuario espere tres horas parado bajo el sol, no fuera importante, tenían que fastidiarlo más.
Estaba sumida en estas cavilaciones cuando un señor mayor comenzó a quejarse en voz alta del mal servicio que estábamos recibiendo con airados comentarios como “qué clase de servicio es éste que nos tienen tanto tiempo y no hay atención”, “nosotros somos usuarios, pagamos nuestros impuestos, nos deben respeto, cómo es que no está el personal”, etc. Varias personas asentían con la cabeza y algunas se animaron a unirse al reclamo con eventuales “¡eso!”, “no hay derecho”, “abusivos”  y cosas así. Entonces, como no me gusta la gritadera pero el reclamo era justo y oportuno, me animé a decirle en voz alta: “Lo que puede hacer es pedir el Libro de reclamos y dejar su queja por escrito”, en base a la experiencia de más de una vez.
Entonces, como si hubiera un error al usar el control remoto y hubiésemos avanzado de más en la película, en lugar de aplicarse a la iniciativa propuesta, el señor de las quejas dijo “claro que sí”, luego masculló algo entre dientes y paso seguido se sentó en su silla y no volví a escuchar de él otra cosa que no fuera su silencio.
Entonces, decepcionada pero nunca vencida, como no cabía otra, me levanté y dije: “Todos debemos ir a dejar nuestra queja para que eso sirva de soporte para la mejora del servicio y la próxima vez nos atiendan mejor” a continuación de lo cual emprendí el camino al lugar señalado como el adecuado para solicitar el libro en mención, imaginando que la mitad de los concurrentes me estarían siguiendo.  Tristemente sólo me seguía una joven, mi esposo y un señor con el que él había estado conversando de este tema. De pronto y sin darme cuenta cómo, una nube de usuarios descontentos dispuestos a reclamar sus derechos se había transformado en un grupo de silenciosos clientes categoría “no sabe/no opina”.
Como pensé que la palabra empuja pero el ejemplo arrastra, no me dejé desanimar y llené mi queja, luego de lo cual fui a mi sitio, haciendo lo propio las tres personas que se levantaron junto conmigo. Al estar juntos otra vez, comenzamos a conversar en voz alta (no muy sutiles) la importancia de ejercer el derecho que tiene el usuario a pedir una atención de calidad, y que si no hacíamos correcto uso de ese derecho, luego no tendríamos el de pedir mejores prestaciones, y que para eso existía el Libro de Reclamos. Pero nada sucedió porque de pronto una sordera generalizada había atacado a todos los presentes, antes muy furibundos. Mi esposo dijo que esa inacción era propia de gallinas, a voz en cuello, y... nada. ¿La razón? No he realizado un estudio a fondo pero al parecer, a la gente le gusta gritar en medio de una turba que protege su anonimato pero nadie quiere dejar una queja donde figure su nombre y apellido. Si se trata de hacer escándalo en masa (donde nadie es alguien y muchos somos todos) la cosa es fácil y todo el mundo participa de mil amores, pero cuando se trata de individualidades y de asumir la responsabilidad de tu denuncia, ya la iniciativa no goza de la misma popularidad.
Qué tristeza siento. Realmente más molesta que con la RENIEC salí con la actitud de la gente, conformista y cobarde. ..
Una queja no debe ser algo agresivo o maleducado, una explosión de furia, sino algo consistente y meditado, racional, en base al justo ejercicio de los derechos que todos tenemos como usuarios. Entre los principios que avalan la acción del consumidor, según la  LEY Nº 29571 o Código de Protección y Defensa  del Consumidor, está el Principio de Corrección de la Asimetría, que se orienta a buscar corregir las distorsiones o malas prácticas generadas por la asimetría informativa o la situación de desequilibrio que se presente entre los proveedores y consumidores, sea en la  contratación o en cualquier otra situación relevante, que coloquen a los segundos en una situación de desventaja respecto de los primeros al momento de actuar en el mercado
Pero nada de esto importa un pito si somos borregos, como dijo Bedoya alguna vez, y no ciudadanos conscientes de nuestros derechos.
¿Alguna vez ha visto en sus hábitat a un borrego? Es algo de locos. Los niños se suben sobre el animal, y él no hace nada. Lo empujan de uno u otro lado, y él no hace nada. Le pegan con una rama y le gritan y él no hace nada. Es sordo, ciego, mudo e insensible a todo lo que le rodea.  Y así pareceríamos ser ante las injusticias de los servicios públicos si lo necesario es identificarse y reclamar. realmente no sé si se trata de ignorancia o por simple cobardía.
En cualquier caso, me indigna y me avergüenza. 
Vergüenza ajena, claro.Porque si queremos tener un destino de leones, no podemos comportarnos como borregos. 

11 de febrero de 2012

Descansa, Whitney.



La noticia de la muerte de Whitney Houston, a los 48 años, es lamentable, absurda.
Una gran pérdida la de una artista de su talla: Fue la cantante femenina más premiada de todos los tiempos, según el libro de Records Guinness. Entre los galardones que recibió se cuentan dos premios Emmy, seis Grammy, 30 Billboard Music y 22 American Music Award.
La dulzura y potencia de su voz combinadas con su gracia y encanto, la convirtieron en una verdadera estrella. Su música me acompañó, como a tanta gente, en momentos de alegría o tristeza, en el romance y en el dolor de la soledad. Una voz privilegiada.
Supongo que, como en muchos otros casos, la luz que irradiaba y el éxito que la rodeaba no resultaron suficiente para hacerla feliz; tal vez pese a ser el ídolo de millones no encontró el amor que todos necesitamos para vivir y realizarnos.
El espejismo del éxito, una vez más, nos demuestra con dolor que corremos tras de una ilusión. Elvis, Marilyn Monroe, Jimmy Hendrix, Janis Joplin, Michael Jackson, Karen Carpenter, Amy Winehouse... la lista es larga y triste. Tanto talento...
Dejo aquí una de sus muchas canciones, "Run to you".

Algunas meditaciones de cara al futuro

Aunque tengo claro que no estoy descubriendo la pólvora ni nada por el estilo, igual me mando con este post pues aunque hay cosas que damos por sentado, cuando las vives en carne propia la experiencia les da otro peso en tu vida. Lo que era un "conocimiento" pasa a ser una "verdad" y hasta un "valor", dependiendo de tu etapa vital.

En mi caso estoy en esas, pues después de haber pasado por la juventud en la que todo se orienta al disfrute del hoy sin mirar mucho más allá y donde, aún con las responsabilidades de un trabajo o una familia tu visión de futuro suele llegar cuando mucho a las vacaciones de ese año o cómo harás con los regalos en Navidad, pasados los 40 la cosa va cambiando y comienzas a pensar que llegará un día en que tu cuerpo no sea el mismo y te mueres de miedo de estar como esos viejos achacosos que todo los duele y son un fastidio para ellos y para los demás. Si te pones a pensar en ello, palabras tan sencillas como colesterol, triglicéridos, azúcar o Alzheimmer  resultan más terrorícas que Jason un Viernes 13 o Freddy Kruger en una Pesadilla en Elm Street.

Entonces  comienzas a pensar en el futuro, en cómo será tu vida en 20 ó 30 años. Semejante mirada al mañana no te la habías pensado ni con bola de cristal,  pero es así, y creo que nos pasa a todos, más tarde o temprano (y si a ti, que estás leyendo, no te pasa debe ser porque aún anda por los 25-35 o porque estás loco de remate y terminarás aquejado de todos los males y las 7 plagas de Egipto por desinteresado).

En fin, el caso es que nos levantamos un día y nos damos cuenta de que, si tenemos suerte, llegaremos a los 50 y luego a los 60 (y mejor no seguimos la cuenta) pero que cuando ese tiempo llegue ¿qué vamos a hacer?
Pensamos entonces en los nietos, la vida ya casi resuelta, que  ya no tendremos que trabajar (jajajajajajaja, sé que para mucho eso es una broma cruel o de mal gusto pero no me puedo resistir a la idea, por lo ingenua, disculpen). Bueno, con o sin trabajo (o laburo, como dicen los argentinos), el único envase que tiene nuestro producto es que el traemos encima, o como dice Serrat, "uno siempre es lo que es y anda siempre con lo puesto... Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio". Entonces, comenzamos a averiguar qué es bueno contra el colesterol y cómo mantener las neuronas en mejor estado, de qué manera evitamos el cáncer y cómo sacarle la vuelta los problemas de articulaciones para poder gozar caminando por la playa y no ser como las abuelitas a las que llevan cargaditas y las depositan en la arena para que miren cómo se divierten los demás, como si fueran un florero o en el mejor de los casos, un pasivo observador. También hay que fortalecer el corazón y correr en dirección contraria a la glucosa, que si te agarrra desprevenido que da un zarpazo peor que el de un tigre de bengala, y te puede dejar desde ciego hasta mutilado.

No, que la cosa es seria, sin embargo no todo el mundo decide hacer los cambios necesarios, pues el peso de la costumbre tiene lo suyo y los hábitos de esta vida moderna (con su consumismo asesino y brutal donde lo importante es cuánto venden las grandes multinacionales y no cómo nos quedamos todos de enfermos y desgraciados) nos tienen amarrados como los buenos amantes, lo triste es que lo pasamos muy bien hasta el día aciago en que nos dejan abandonados y cuando volteamos a ver ya no tenemos opción a nada porque ya se pasó el último tren.Entonces es tarde para dar marcha atrás, y el cuerpo jamás perdona ni deja de enviarte la factura.

Creo que la estética me interesa como a  todos, pero sinceramente pienso que lo más importante es tener una calidad de vida que pasados los 50 no se degrade de forma acelerada impidiéndonos gozar de la vida justo cuando dejamos atrás las angustias y el empujar todo cuesta arriba y cuando por fin  tendremos más tiempo para compartir y disfrutar. Si bien el deterioro celular es imparable y la vejez es parte de la vida que hay que aceptar con dignidad y madurez, nuestro cuerpecito gitano  todavía puede darnos muchas satisfacciones si lo tratamos bien y con el cariño que se merece.

Por mi parte, estoy entablando una amistad duradera con la avena y el salvado, entre otros granos, me voy alejando de las vacas y el resto de carnes (la verdad ya las veo poco y más espaciado), busco alimentos de colores, como verduras y frutas y trato de realizar un ejercicio regular 6 de los siete días de la semana. Tal vez nada de eso sirva de mucho porque me lleve de encuentro un bus al salir mañana de mi casa (todo es posible) pero, de no ser así, Dios mediante estaré al menos haciendo lo posible por estar en condiciones de seguir gozando esta vida, que buena o mala es la única que conocemos por el momento, y que el Señor nos  ha dado para disfrutarla.

Para rematar ese soliloquio, incluiré una visión algo distinta, compartiendo con ustedes algunos versos de una hermosa canción de Serrat: "Llegar a viejo", que data de aproximadamente de fines de los 80. Si quieres escuchar la canción te dejo el video, de cuando, dicho sea de paso, Joan Manuel estaba tan joven que da nostalgia, en el siguiente enlace: http://www.youtube.com/watch?v=d0GzbXLj-dQ 

Si tuviese más ventajas y menos inconvenientes...
Si el alma se apasionase,el cuerpo se alborotase,
y las piernas respondiesen...

Y del pedazo de cielo reservado para cuando
toca entregar el equipo,
repartiesen anticipos a los más necesitados...

Quizá llegar a viejo sería todo un progreso,
un buen remate, un final con beso. 

Si no estuviese tan oscuro a la vuelta de la esquina...
O simplemente si todos entendiésemos que todos
llevamos un viejo encima.

5 de febrero de 2012

La Gioconda y la Sostenibilidad

Mi sobrina acaba de visitar por primera vez el viejo continente y me contaba al respecto, ya que yo aún no cruzo el charco. De más está decir que quedó impresionada con los incontables tópicos culturales que vio o visitó, especialmente en París, Venecia y Valencia, hermosas ciudades que recorrió con gusto y placer. Sin embargo, cuando me comentaba sobre su visita al Museo del Louvre  y la archiconocida Gioconda (o Monalisa, que resultó ser un pequeño lienzo no mayor a los 77 x 55 cms visitado por más de 5 millones de personas anualmente) me comentó que pese  a los frecuentes avisos  en que se pide no tomar fotos con flash, mucha gente hace caso omiso de la advertencia y dispara a diestra y siniestra su lucecita para que la foto salga bonita, aunque eso vaya deteriorando la pintura de forma acelerada e irremediable.
Entonces le pregunté si se trataba de algún “tipo” de persona en particular y me respondió que no, que todos, jóvenes y viejos, europeos la gran mayoría pero también latinos, en general… TODOS. Luego de contarme sobre más de un caso caí en la cuenta de que  yo creía que los únicos ignorantes que hacíamos barbaridades como esas por falta de “cultura” éramos los sudamericanos, y resulta que no es así: incultos hay en todas partes. De más está decir que me sentí  extremadamente prejuiciosa y contra mi propia gente, además, pero como dicen por ahí, así pasa cuando sucede.  
Entonces  me dediqué a visitar un poco las redes para ver qué más había sobre el tema y encontré un sitio web sobre fotografía digital (www.xatakafoto.com) que  tocó el tema y la conclusión a la que llegó el autor de la nota era que quienes así obraban, era porque sabiendo que están haciendo mal son personas "inútiles" para desconectar el flash. Su otra opción es que son seres ignorantes que no se fijan en la razón que existe detrás de toda norma. De hecho ese comentario se basaba en una experiencia en el Oceanográfico de Valencia, y mi sobrina, que estuvo por allá también, pudo constatarlo in situ, ya que vio cómo mucha gente ignora olímpicamente y en siete idiomas los cartelitos de No Flash, colocados para proteger a la fauna marina, ya que la luz de estos dispositivos lesiona la visión de los peces que no tienen párpados que los protejan y están habituados a vivir en la profundidad del mar… donde hay muy poca o ninguna luz (y nadie usa flashes!!).
Sin embargo, creo que el tema va mucho más allá. Me parece que superando el aspecto de la tecnología hay un sustrato de cultura en lo que se refiere al respeto, valor que parece algo de extraterrestes hoy en día. El caso es que a mucha gente, que no dedica mucho tiempo a la reflexión ni a la lectura, supongo yo, le parecerá que un cuadro no requiere mucho “respeto” pues no es una persona, sin ponerse a pensar que el respeto no es al lienzo en sí sino al derecho que tienen, o tendrán en el futuro,  sus nietos (y los míos) a visitar esa obra de arte igual como lo hacen ellos hoy en día, pero que verán recortados su derecho si no actuamos HOY de forma responsable. Y no se trata de un flash, sino de los millones de flashes de los millones de turistas anuales.
Finalmente, estamos hablando del concepto de SOSTENIBILIDAD, que el muy conocido Informe Brundtland establece como la capacidad de “satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro para atender esas mismas necesidades”.  Ese es el punto. No jorobar el derecho del que está por venir, pero que cuenta tanto como el del que ya está aquí.
La nuestra es una generación egoísta que no mira hacia adelante. Si sus hijos o nietos en el futuro ya no tienen el parque, la pintura en el museo, los peces en el acuario… no parece importarle. Es una generación que busca la satisfacción  inmediata, el hedonismo como bien supremo y la competitividad descarnada en la que  todo vale lo es todo. Ganar. Salir con tu gusto y lograr la foto bonita. No hay más. Si los peces se quedan ciegos les importa muy poco (tal vez pensará que nadie en su familia tiene agallas, y estoy segura de que es así, como de seguro  tampoco han de tener cerebro).
Qué tristeza. Una profunda tristeza por la Gioconda que pierde sus colores cada día (y como ella pinturas maravillosas en todos los museos del mundo que sufren lo mismo), por los peces agredidos en su encierro por turistas sin visión, pero sobre todo por la humanidad que no mira ni al costado ni adelante y sin darse cuenta va retrocediendo mientras cree, feliz,  que avanza tomando fotos prohibidas con cámaras digitales último modelo.
Mientras no aprendamos que tenemos que reducir nuestro consumo energético, que debemos reciclar tanto como sea viable, que no podemos depredar impunemente, que debemos respetar las normas ecológicas y que la sostenibilidad no es una moda empresarial sino un compromiso de todos, por más que aumente el PBI y enviemos misiones espaciales a todos los confines de la galaxia, estaremos, como el cangrejo, caminando para atrás. 
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