12 de enero de 2016

De Perrault a Resident Evil

Hoy al ver la página de inicio de Google me encontré frente a una gráfica infantil (o “doodle”), con motivo del aniversario del nacimiento de Charles Perrault  (1628-1703), muy conocido mundialmente por algunos de sus cuentos para niños como: La Cenicienta, La Bella Durmiente, Caperucita Roja, etc. Sin embargo, lo curioso del caso es que la gran mayoría de personas tenemos en nuestra mente una versión de estas historias muy diferente a la original del escritos francés.
Los  famosos cuentos de Perrault los escribió a una edad avanzada (pasado los 50 en aquellos tiempos uno ya era casi anciano), bajo el nombre de “Cuentos del pasado”, más conocido como “Cuentos de Mamá Gansa” por la imagen que ilustraba su tapa. Son todas historias de aventuras y desventuras pero todas con un corte moral, buscando indudablemente dejar un aprendizaje en el lector (todos finalizaban con una moraleja en verso que demuestra la intencionalidad del autor), pero muy diferentes a las historias que diferentes manos fueron alterando hasta llegar a nuestros días, en especial gracias a la magia del cine y el señor Walt Disney.

El terror como medio formativo
Los cuentos de Perrault (Barba Azul, Caperucita Roja, El gato con botas, La bella durmiente, La Cenicienta, Las hadas, Piel de asno, Pulgarcito, Riquete el del copete) fueron una suerte de transcripciones de historias populares y hasta relatos folklóricos de su tiempo,  aquellas que se contaban unos a otros de forma oral, tomándose las licencias que cada quién deseaba y dependiendo del público o las circunstancias. Eran historias que se contaban en las casas y en las plazas, en el pueblo y en el palacio, en las cocinas y en los caminos, contadas por abuelas como por bufones, muchas veces escuchadas por los niños a la hora de dormir. 
Se registra que la moda de los cuentos de hadas entre la gente de la clase alta se inició en 1685, con la condesa d’Aulnoy, y años después ya se escuchaba la lectura de tales narraciones en reuniones literarias cortesanas. En el caso de los hermanos Grimm, ellos publicaron muchos años después su “Cuentos para la infancia y el hogar” como narraciones folklóricas que pretendían preservar las tradiciones orales de su natal Alemania, invadida por Napoleón, motivo por el que se rehusaban a incluirles ilustraciones “para niños”. 
Una situación diferente es la que origina la publicación de más de 158 historias por Hans Christian Andersen, en Dinamarca, ya que en su tiempo (siglo XIX), sí los orientó a un público infantil, por lo que están exentos de la crueldad extrema de las historias de Perrault o de los hermanos Grimm, y por el contrario, las dota de un cierto romanticismo trágico, propio de la época y de su estilo natural, por lo que es considerado el primer gran clásico de la literatura infantil. Andersen toma el folclore como fuente y recrea historias, algunas de animales humanizados, mediante las que representa estructuras y dinámicas familiares y sociales.
De uno u otro modo, en las historias de estos autores, en su versión original, abundan en hechos terribles y trágicos, con una intensidad tal vez propia del tiempo, que puede llegar al extremo de la avaricia desmedida, el canibalismo, los asesinatos y el suicidio, entre otras  joyas, que probablemente eran habituales como medios educativos en el contexto moral de aquella época.  
La razón sería que siendo el miedo una emoción tan fuerte en los seres humanos, menos provistos de instinto, que permite reaccionar para proteger la vida o integridad ante situaciones amenazantes, era herramienta ideal para prevenir a los jóvenes del desastre que puede tener el tomar decisiones equivocadas.
En ese contexto es que Perrault (segunda mitad del siglo XVI) toma unas fábulas pueblerinas, les da forma, las enriquece con su dominio de la pluma escribiéndolas con cuidado y gran estilo, y las convirtió en obras formales que iniciarían el género de la Literatura Infantil, en el que luego podremos encontrar a otros grandes, como Madame Le Prince de Beaumont (1711-1780), los hermanos Jacob y Wilhem Grimm, (1785-1863; 1786-1859), o muy posteriormente, Hans Christian Andersen (1805-1872).

En el caso de Perrault, como elemento adicional, es útil saber que junto a sus personajes de fantasía primorosa y su decidida opción moral, el escritor tiene un mérito importante al describir con gran eficiencia costumbres y contextos de una época compleja y bárbara, en el que las exquisiteces se codeaban con la miseria, encontrando en sus relatos testimonios valiosos de la situación de dependencia de las mujeres (tanto en lo económico como en lo legal), o el boato de las Cortes en contraste a la pobreza del pueblo. Mujeres dispuestas a sobrevivir y hacer lo necesario para lograrlo, en un contexto donde nada las favorece excepto su belleza, y pobres que pueden ascender y cambiar su suerte socioeconómica gracias a su astucia y valentía. 

Para muestra un botón
Los textos originales de Perrault distan mucho de las historias que se difunden y hasta comercializan actualmente, sea en libros, películas o representaciones teatrales. En el caso de “La Bella Durmiente del Bosque” la historia de Perrault, el príncipe es un embaucador, que a la princesa “le aseguró que la amaba más que a sí mismo. Sus discursos fueron inhábiles; por ello gustaron más; poca elocuencia, mucho amor, con eso se llega lejos”. (…) “Después de la cena, sin pérdida de tiempo, el capellán los casó en la capilla del castillo, y la dama de honor les cerró las cortinas: durmieron poco, la princesa no lo necesitaba mucho, y el príncipe la dejó por la mañana temprano para regresar a la ciudad, donde su padre debía estar preocupado por él”. Acto seguido el Príncipe no le cuenta nada a sus padres y mantiene a su mujer (con la que tiene dos hijos) en la penumbra, viéndola esporádicamente, hasta que muere el rey y, sintiéndose ya más seguro, devela la verdad.  Cuando el príncipe debe marchar a la guerra, la malvada reina madre quiere comerse a su nieta, y luego al nieto, lo que cree consumado gracias a la intervención de su mayordomo, que la engaña para salvar la vida de los pequeños, y luego de su madre. Todos salvan la vida cuando regresa el Rey de improviso, y su madrastra  (con fama de “ogresa”) se arrojó a un balde con serpientes en el que pretendía asesinar a la Bella Durmiente. Tras semejante drama, “el Rey, su bella esposa y sus dos hijos vivieron felices”.
Se cuenta que la leyenda original fue primero registrada por Giambatista Basile, y en ella un rey viola a la princesa mientras está dormida, quedando embarazada. Cuando nacen, la reina malvada intenta sacrificar a los bebés dándoselos a comer a su padre. Creo que pocas cosas pueden ser más macabras que esto, ¿o no?

El afán moralista: El Bien vs. el Mal

No obstante, es necesario dejar en claro que estas narraciones breves en realidad  no estaban dirigidas a los niños, en primer lugar, sino al pueblo, aunque con intenciones decididamente formativas, motivo por el que en las historias hay muchas desventuras pero al final prevalecen los valores y es claro el triunfo del Bien sobre el Mal, y del Amor por sobre la Maldad.  De mano de su propio autor, leemos, respecto a sus cuentos, que “todos ellos encierran una moraleja muy sensata, que se descubre más o menos según el grado de penetración de quienes los leen y los escuchan”. Tanto entonces como ahora, el aprendizaje está más en el que aprende que en el que enseña.
Sin embargo, hay siempre una excepción: Caperucita Roja. En la historia original de Perrault, Caperucita es fatalmente devorada por el lobo como consecuencia de su desobediencia a las instrucciones de su madre, y su falta de reflexión en una situación de peligro.  En esta historia aparentemente pierde el “Bien”, es decir, la protagonista inocente, sin embargo es probable que esto fuera para Perrault un sacrificio necesario, una estrategia para distinguir “Bien” de “Ingenuidad inútil”, y “bondad” de “estupidez”. Así la conclusión lógica de la historia es que quien no se preocupa de defenderse a sí mismo, acabará devorada por el mal, que no perdona nada ni a nadie.
Al final de Caperucita Roja, la versión original de Perrault consigna una moraleja cuya traducción compartimos aquí:
Aquí vemos que la adolescencia,
en especial las señoritas,
bien hechas, amables y bonitas
no deben a cualquiera oír con complacencia,
y no resulta causa de extrañeza
ver que muchas del lobo son la presa.
Y digo el lobo, pues bajo su envoltura
no todos son de igual calaña:
Los hay con no poca maña,
silenciosos, sin odio ni amargura,
que en secreto, pacientes, con dulzura
van a la siga de las damiselas
hasta las casas y en las callejuelas;
más, bien sabemos que los zalameros
entre todos los lobos ¡ay! son los más fieros.

Walt Disney y su mundo de Fantasía
El maestro de la dulcificación es definitivamente Walt Disney (19011-1966), quien toma cuentos tanto de Perrault como de los Hermandos Grim y de Hans Christian Andersen, y los depura al extremo, extirpándoles lo terrorífico y adecuándolos a una sociedad que ya tiene normativas jurídicas y culturales para proteger a la sociedad, y que puede usar métodos educativos menor aterradores. En “la verdadera villana en la primera versión de Blancanieves era su madre biológica y no su madrastra”, consumida por los celos ante su inconmensurable belleza, ordenado “una espantosa muerte para su propia hija”. Como ya en el siglo XIX la idea era inaceptable, los Hermanos Grimm hacen el gran cambio, que es tomado por Disney y que, incluso se transforma nuevamente en una versión subversiva de la historia con la actual “Maléfica”, que nos la presenta como una víctima de la ignorancia y la violencia y nos hace llegar a compadecerla. Y así podemos seguir una historia tras otra, transformación por transformación.
En la película de los estudios Disney la Sirenita se casa con el príncipe y tiene un final feliz, mientras originalmente es testigo del matrimonio del príncipe con la otra, y sufre al no haber logrado lo ofrecido por la hechicera ni el anhelo de su corazón, pero aún así desiste de matarlo, como le piden sus hermanas para recuperar su cola y volver al mar, y en cambio se lanza a las olas y se convierte en espuma. La Cenicienta, por ejemplo, no va a una fiesta sino a dos, pero al casarse con el príncipe, las hermanastras son atacadas por aves que pican sus ojos hasta dejarlas ciegas.

¿Erradicación de la violencia?
Quedará para un interminable debate si se ganó o se perdió entre tanta modificación, logrando hacer desaparecer los horrores originales y transformándolos en situaciones sentimentales, más que
morales, como es el caso de Dumbo o de Bambi, o en fantasías sólo verosímiles gracias al arte de la literatura o el cine, pero es evidente que este proceso habla de un ablandamiento educativo que es signo de los cambios sociales de nuestros tiempos, no tan influidos por figuras de poder local como por grandes grupos transnacionales, que deciden nuestros usos y destino. Gracias a ellas nos hemos alejado de historias terroríficas de las historias folklóricas apara crear juegos para niños en los que todos matan a todos (con sangre que sale por todos lados), en un mar de zombies, soldados, asesinos, extraterrestres, transformers,  soldados (presentes, pasados y futuros), vampiros y un sinfín de combatientes de ambos sexos que con violencia inusitada atacan sin límite, para placer de usuarios de toda edad. Y no hablemos de la sexualidad implícita y explícita de muchos de ellos.
Es muy cierto que las historias antiguas eran truculentas, pero desconozco si llegaban a motivar la violencia y la crueldad en la sociedad, mientras que las historias actuales (escritas, en sagas o juegos de video) lo hacen de forma notoria y sin el menor desparpajo.  
Al respecto el portal de la Asociación Americana de Psiquiatría de Niños y Jóvenes  (http://www.aacap.org/AACAP/Families_and_Youth/Facts_for_Families/FFF-Spanish/Los-Ninos-y-los-Juegos-de-Video-Jugando-con-la-Violencia-091.aspx)    publica lo siguiente:"Los estudios de niños expuestos a la violencia han demostrado que ellos pueden: ponerse “inmunes” o insensibles al horror de la violencia, imitar la violencia que ellos ven y demostrar un comportamiento más agresivo debido a una mayor exposición a la violencia. Algunos niños aceptan la violencia como una forma de manejar los problemas. Estudios también han demostrado que mientras más realista y repetida sea la exposición a la violencia, mayor será el impacto en los niños. En adición, los niños con problemas emocionales, de comportamiento y de aprendizaje se pueden afectar más por las imágenes violentas".
Y si hay tanto material de esta naturaleza (porque es un negocio de millones que nadie detiene) es porque hay grandes poderes de por medio. ¿No hay leyes que los detengan? Tal vez lo que falta son voluntades, interesadas en su propio beneficio.
Dejo a los estudiosos el tema, pero me pregunto… ¿no nos habremos alejado del terror como herramienta formativa de juventudes para pasar a la violencia como medio de manipulación social?

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