26 de octubre de 2011

El Síndrome de Jeff

Conversando con una  amiga, intercambiábamos experiencias y me comentó que lo que le contaba era muy similar a lo que sufría una amiga, y que hemos dado en denominar como “Síndrome de Jeff”. Afortunadamente no causa la muerte ni presenta un proceso degenerativo que inhabilite a la persona para su normal desempeño, sin embargo es sumamente molesto y hasta perjudicial… para los demás.

Esta dolencia ataca generalmente al género masculino, y su principal síntoma es que adquieren un casi absoluto desentendimiento de lo que sus palabras o acciones puedan significar para otros, generando a su paso toda suerte de problemas sociales y familiares de repercusiones variables, sin que siquiera se hayan percatado.  Un caso típico es el que se expone a continuación: Una pareja  almuerza con unos amigos y  “Jeff” (digámosle así) no está siendo muy sutil, diciéndole a la amiga que está muy gorda ignorando que está bajo tratamiento sicológico por su adicción compulsiva a la comida y que la reunión era justamente para darle apoyo emocional, por lo que recibe unos discretos “toques” bajo la mesa, que su esposa le da en la pierna con la punta de su zapato. Entonces, en lugar de pensar que le están enviando un mensaje cifrado, pregunta: “¿me estás dando pataditas en la pierna o me parece?”  
Otra manifestación común del síndrome es la siguiente: La pareja de “Jeff” está esforzándose por brindarle más atención a su imagen personal ya que ha estado algo descuidada y su pareja parece muy desmotivada en sus relaciones. Entonces va  a la peluquería por  un corte de cabello, con cepillada y todo, se compra una blusa muy sentadora, decide dedicarle la tarde a sus arreglo personal  y en la noche espera a su galán  con una cena romántica en casa, con velas y todo.  Entonces llega “Jeff” y al cruzar la puerta se le escucha decir: “¿No pagaste la luz?”. Pero al encender  el interruptor ve que sí tienen energía eléctrica y da  unos pasos, descubriendo las velas encendidas y a su mujer muy arreglada esperándolo con una sonrisa. Entonces la mira sorprendido y le dice: “¿Pasa algo que me miras con esa cara y no me dices nada?”


Uno de los efectos clásicos de este padecimiento es que las víctimas directas, los “Jeff”, jamás reconocen tener un problema ni haber maltratado a nadie. De hecho no entienden por qué alguien arma barrullo sobre “detalles sin importancia” o por qué su hermana no le quiere hablar luego de que le dijera  que su vestido de novia era horrible y su pelo la hacía ver como loca, justo antes de salir hacia la iglesia, si lo que le dijo era cierto (al menos para él).


El problema con el  “Síndrome de Jeff” es que genera muchas repercusiones emocionales en los demás, las víctimas indirectas, pues se sienten desatendidos, poco amados, incapaces de remover la piedra que suponen tiene “Jeff” en su corazón, la que les impide ser corteses, pensar en que las mujeres tienen sentimientos y preocuparse por ellos como ellas se preocupan por los suyos. Se han documentado casos en los que mujeres testifican haber requerido terapia para reponerse de  frustración que supone sentirse “invisibles” para todo lo que sea un piropo o gesto simpático, sin embargo sí reciben los reclamos y quejas de todo lo que puedan haber hecho mal.


Y es que, esto está aún en investigación,  quienes sufren este síndrome suelen tener un semiconciencia del problema y por ello se rodean de mujeres que se desviven por ellos, al punto de sentirse seguros y aunque no reconozcan su padecimiento se sienten protegido de sus posibles implicancias.  Buscan personas que no importa lo que ellos hagan, lo soportarán todo estoicamente.


Cuando “Jeff” sube de peso su chica le dice que está “fuertecito”, para no herirlo en su orgullo. Si no es un dechado de belleza ella le dice que él es “su Brad Pitt”, y cuando se pone una camisa nueva se la celebra con fiesta y mariachi para que sepa lo orgullosa que se siente de él y lo mucho que le gusta. Si se quedan sin trabajo los convencen de que son indispensables para el sistema laboral y que pronto encontrarán una mejor oportunidad. Pero los hombres que padecen el síndrome no pueden devolver estos gestos con la menor atención, no sólo no se interesan en hacer lo mismo sino que ni siquiera tratan de hacer un cumplido (como sí lo hacían cuando aún estaban cortejando a sus parejas y no eran víctimas de la enfermedad). Ante su incapacidad emocional generalmente se burlan de quienes sí tienen esos detalles para ridiculizarlos y así no sentirse mal ante su incapacidad. Cuando todo está perdido y es confrontado por los problemas que ha generado, suele escudarse en un “yo soy así, pues, ¿qué quieres?”.


En el trabajo este síndrome también extiende sus tentáculos. Un caso común es que los compañeros de “Jeff” lo sorprenden el día de su cumpleaños con gorritos, globos y un regalo sorpresa, para demostrarle su afecto y la adhesión de su equipo, sin embargo cuando es el cumpleaños de otros integrantes, “Jeff” trata de zafar el cuerpo del compromiso porque siente que “él no es de esas cosas”, y se retira temprano ante la mirada desaprobatoria de los demás, especialmente de la secretaria que aseguró a todos que “Jeff” era buena gente y que sí estaría presente.


Lamentablemente respecto al tratamiento poco ha avanzado la ciencia, y con el conocimiento de estos y muchos casos más, lo único que podemos recomendar desde esta parte del mundo a quienes tienen cerca un hombre que sufre este síndrome, es armarse de paciencia, asumiendo que sus halagos y trabajos por llenar su convivencia de gestos de amor y detalles para con el otro serán un esfuerzo unilateral, tal vez de por vida, y que mientras menos esperen un cambio,  éste no se dará pero ellas vivirán menos frustradas. No se recomienda una política de “ojo por ojo” pues suele ser poco eficaz y sólo agrava la situación. A quienes tienen conciencia de sufrir el síndrome, por los constantes comentarios de gente de su entorno que le hacen ver lo difícil de la situación que deben afrontar quienes lo rodean,  o  por los reclamos de su aparente “insensibilidad”,  se sugiere, primero, reconocer que su conducta es inaceptable y, segundo… ¡¡¡¡buscar ayuda profesional!!!!

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Todos los comentarios son valiosos.
¡Comparte tus ideas con nosotros!