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5 de mayo de 2013

Javier Diez Canseco, descansa en paz


Lo que se conocía de rumores y comentarios en voz baja, se hizo realidad ineludible. Javier Diez Canseco Cisneros, la “oveja negra” de la política peruana, porque no entraba en componendas, ni cedía en sus principios, y porque sin perder su inquebrantable voluntad democrática jamás desistió de sus lucha por la justicia y el derecho de los menos favorecidos, ya no está más.   El cáncer ganó la partida y me pregunto… ahora… ¿alguien podrá ocupar su lugar?
Creo que algo así es muy difícil. Javier tuvo una entereza política y personal, de las que no se ven con frecuencia, y cuyo último reto fue afrontar su enfermedad con la valentía, consistencia y transparencia con que lo hizo.  Y también con amor, porque aunque esa faceta de su vida no es muy conocida, era un hombre tierno y entrañable, de lo que dan fe sus familiares, amigos, mucha gente humilde por la que trabajó y a la que dedicó su vida, como luchador de izquierda, socialista que le dicen, pero sobre todo como ser humano de una pieza. Amor por la vida, amor por el Perú.

25 de marzo de 2012

El viejo Hipócrates y nuestro moderno estilo de vida

En anteriores post (http://elrincondelakatarsis.blogspot.com/2012/01/mala-leche_24.htmlhttp://elrincondelakatarsis.blogspot.com/2012/02/algunas-meditaciones-de-cara-al-futuro.htmlhttp://elrincondelakatarsis.blogspot.com/2010/06/el-cancer-de-seno-y-el-amor-por.html)  he compartido mi humilde punto de vista sobre el tema del cáncer, la salud y la alimentación, como solitario (aunque no del todo, a Dios gracias) grito en el desierto de quien ve con preocupación el estilo de vida que nos envuelve y nos enferma (de muerte, muchas veces) sin que nos demos siquiera cuenta. Y cuando reaccionamos, a veces lo hacemos demasiado tarde. 

11 de agosto de 2011

¿Sabía que usted está expuesto a un bombardeo de radiación con cada tomografía?

Debido al reciente suceso en el que tuve un traumatismo de cabeza (encefalocraneano, para que suene más importante) del que puedes saber más en el post "La salud está para enfermarse", dos post debajo de éste, conversé con el neurocirujano que me atendió y, contra lo que me había advertido más de uno, no me indicó una tomografía. ¿Por qué? “Porque no la necesita y le haría un daño innecesario”, me dijo. Y he aquí que en mi ignorancia desconocía que una tomografía computarizada  emite una dosis de radiación equivalente a más de 100 radiografías de tórax (hay quienes manejan equivalencias de 600, dependiendo del tipo de radiografía). ¡What! Como lo lee. Yo me quedé de una pieza.

Muchos jóvenes tal vez no hayan escuchado nunca lo que sí escuchamos los adultos muchos años: “Cuidado con las radiografías, que pueden originar cáncer”.  Era un tema que a todos daba mucho respeto y por ello, pese a su necesidad como examen auxiliar para un diagnóstico, sólo se tomaba en caso estrictamente necesario. Sin embargo, el tiempo ha pasado, nos acostumbramos a la tecnología de radiación y hoy a nadie se le mueve una pestaña para sacarse una placa, sin embargo, ¡no puede actuarse igual  con una tomografía cuya potencia de radiación es mucho mayor!

¿Qué es lo que sucede? Aquí es donde entran las “coimisiones”, como dicen muchos. No sé cómo será en otros países, pero en el Perú los laboratorios y centros de diagnóstico que poseen estos servicios, otorgan un porcentaje a los galenos por cada análisis clínico que les derivan, sea de sangre, orina, rayos X, tomografía o resonancia magnética. ¡Y es ésa y no otra la razón por la cual al menor síntoma o probabilidad, por lejana que sea, le indican un examen que posiblemente no necesite y que, también posiblemente, le deje una secuela negativa en su salud que, años después se detectará mediante la tomografía número 3 o 4 que le saquen en su vida: la lesión cancerígena!

8 de julio de 2010

Una nueva oportunidad

Semanas atrás tenía una serie de preocupaciones, centradas principalmente en mi trabajo y mis relaciones familiares, hasta que me detectaron un posible cáncer de seno y luego de una larga serie de exámenes, con la tensión y el suspenso propia del caso, me operaron para extirpar el tejido extraño, analizarlo en una biopsia (ver post anterior "El Momento de la Verdad") y poder determinar si se trataba de cáncer mamario o no.

De pronto el tema del trabajo (o mi carencia de) era sólo algo colateral, relacionado a mi posibilidad de tratamiento, al tema económico, pero no era un tema importante en sí mismo. Las diferencias que tengo cada día con mi esposo eran nimiedades que parecían sólo pequeñas pelusillas ante la enormidad de su amor y su comprensión con la situación y mis necesidades emocionales, ante la probabilidad de estar enferma de un mal que se lleva millones de vidas cada año, y físicas, en relación a la operación y mi posterior convalecencia. Sólo podía sentirme maravillada de su paciencia y su fuerza de ánimo en un momento en que me era tan necesario. Los tira y afloja con mis hijos se convirtieron en momentos que parecían tan sencillos de resolver ante una dificultad tan amenazante, que eran casi "disfrutables" y trataba de concentrarme en la esperanza de que todo saliera bien para no pensar lo que sería mi vida entre tratamientos médicos, sin poder disfrutar su crecimiento cotidiano.

7 de julio de 2010

El momento de la verdad

Cuando publiqué el post sobre cáncer de mama, estaba aún a la espera del resultado de mi mamografía. Y no fue el esperado. Luego de varias ecografías posteriores y la consulta con dos médicos más, decidí someterme a la biopsia como medio seguro para el diagnóstico final, el cual recibiré en unas nueve horas.

Aunque a veces se utiliza aún la biopsia por succión (insertando una pequeña aguja y aspirando algo de tejido que se analiza luego por patología) mi médico decidió hacerme la biopsia quirúrgica, es decir, extirpan la parte afectada, considerada "sospechosa" con una porción de tejidos adyacentes. Estoy recuperándome de la intervención quirúrgica, que al ser de tipo "conservador" (no extraen la mama entera sino sólo lo necesario de ella) no deja el seno como estaba pero la diferencia es menor y bastante superable. Como toda operación, tiene sus secuelas de dolor y malestar, imposibilidad de movimiento  al inicio y de  ejercicio por unos días (anhelo volver a trotar, es una pena no haber podido hacerlo, me hubiera relajado mucho!!), pero tuve el apoyo incondicional de mi familia, lo que ha hecho este tiempo mucho más llevadero. de hecho ha sido una especie de oasis de amor y solidaridad muy reconfortante.