
Lo que se conocía de rumores y comentarios en voz baja, se
hizo realidad ineludible. Javier Diez Canseco Cisneros, la “oveja negra” de la
política peruana, porque no entraba en componendas, ni cedía en sus principios,
y porque sin perder su inquebrantable voluntad democrática jamás desistió de sus lucha por la justicia y el derecho de los menos
favorecidos, ya no está más. El cáncer ganó la partida y me pregunto… ahora…
¿alguien podrá ocupar su lugar?
Creo que algo así es muy difícil. Javier tuvo una entereza
política y personal, de las que no se ven con frecuencia, y cuyo último reto
fue afrontar su enfermedad con la valentía, consistencia y transparencia con
que lo hizo. Y también con amor, porque
aunque esa faceta de su vida no es muy conocida, era un hombre tierno y
entrañable, de lo que dan fe sus familiares, amigos, mucha gente humilde por la
que trabajó y a la que dedicó su vida, como luchador de izquierda, socialista
que le dicen, pero sobre todo como ser humano de una pieza. Amor por la vida, amor por el Perú.



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